domingo, 12 de agosto de 2012
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Martin Heidegger, una vida marcada por la polémica
Si preguntamos a un anglosajón quién es el filósofo más
importante del siglo xx, sin duda nos contestará que
LudwigWittgenstein. Pero si esa pregunta se la hace a un europeo
continental, inexorablemente responderá Martin Heidegger. Ambos
nombres implican dos caminos totalmente divergentes de la filosofía.
Siempre se ha dicho que la filosofía anglosajona —la de Inglaterra y
Estados Unidos— y el pensamiento continental europeo recorren vías
diferentes.
Podríamos decir que Heidegger es un filósofo oscuro, que co-
menzó como profesor adjunto de Edmund Husserl,
1
el fundador de la
fenomenología, y siguió una escala académica hasta llegar a rector de
la Universidad de Friburgo en pleno nazismo, algo que marcó el final
de su carrera académica, y fue una situación que después de la guerra
le acarreó una gran cantidad de reproches. A finales de los años
cincuenta volvió a aparecer discretamente en la vida pública y su obra
fue recuperada.
¿Fue nazi Heidegger? Ésa es una pregunta que a lo largo de estos
años se ha hecho muchas veces. No cabe duda de que aceptó y
colaboró con el régimen nazi y, por supuesto, no se opuso a él en
modo alguno, a pesar de que sus seguidores se preocupan por mostrar
supuestos actos de resistencia. Es cierto que dio discursos entusiastas a
favor de Hitler, pero también es verdad que en su pensamiento
ultraconservador, todo lo contrario a cualquier ideología progresista en
cualquier sentido del término, hay diferencias fundamentales con el ideario
nazi. Por ejemplo, no existe ese biologismo con la distinción de razas
superiores y razas inferiores, sino que está
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LA AVENTURA DE PENSAR
totalmente en contra de esa posición. Ese racismo tiene un origen
cientificista, pero Heidegger era tan antimoderno que no podía
considerar ese punto.Yo creo que fue un nazi de hecho, probablemente no
de pensamiento. Pero esta situación enturbió su figura, cualquier cosa
menos ejemplar, en la historia del siglo xx.
EL HIJO DE UN TONELERO CATÓLICO
Heidegger nació en 1889 en Messkirch, un pequeño pueblo en el
sudoeste de Alemania. Su padre, Friedrich, trabajaba como maestro
tonelero, y tanto él como su esposa eran católicos. El joven Martin,
que tuvo dos hermanos, fue orientado por sus padres para la carrera
sacerdotal. Sin embargo, hacia 1907, la lectura de un libro de Franz
Brentano,
2
Sobre los múltiples significados del ente en Aristóteles, lo
convenció de estudiar filosofía. Para ello, dos años más tarde, ingresó
en la Universidad de Friburgo e interrumpió definitivamente su forma-
ción sacerdotal para concluir sus estudios universitarios en 1913 con
una tesis sobre La teoría del juicio en el psicologismo. Durante la
Primera Guerra Mundial fue destinado a un puesto de control postal y,
luego, a un observatorio meteorológico en el frente. Después del con-
flicto, comenzó su carrera académica, como Privatdozent,
3,
con una
disertación sobre La teoría de las categorías y del significado en Duns
Escoto.
4
En 1916,Edmund Husserl lo convocó para que colaborara con
él. Un año más tarde, Heidegger se casó con Elfride Petri, hija de un
alto oficial prusiano de confesión luterana. Simultáneamente, co-
menzó a dictar diversos cursos y seminarios, en particular sobre san
Agustín, el neoplatonismo y la fenomenología. Entre 1919 y 1920
tuvo dos hijos y abandonó el catolicismo en una crisis de fe. Se fue
dando cuenta de que no podía mantener la creencia en un Dios en-
tendido metafísicamente, como creador, juez y fundamento de todo.
En 1923 fue nombrado profesor extraordinario y director del semi-
nario de filosofía en la Universidad de Marburgo.Allí conoció a una
joven estudiante judía llamada Hannah Arendt,
5
con quien mantuvo un
romance extramatrimonial durante casi dos años. Ella fue, en pa-
265
MARTIN HEIDEGGER
labras de Heidegger, la musa inspiradora de su obra más famosa, Ser y
tiempo, cuyas primeras dos secciones fueron publicadas en 1927. El
resto del libro jamás fue escrito.
En 1929, Husserl se retiró de su cátedra en Friburgo y propuso a
Heidegger para reemplazarlo. Su lección inaugural se tituló ¿Qué es
metafísica? y se publicó ese mismo año, al igual que un trabajo sobre
Kant. Su prestigio siguió creciendo. En 1933, en pleno gobierno
nacionalsocialista, ocupó el rectorado de la Universidad de Friburgo,
hasta que presentó su renuncia en 1934.
En los años siguientes, Heidegger se alejó de la política, se refu-
gió en sus cursos y publicó muy pocos escritos. Sin embargo, en ese
período produjo textos que fueron editados con posterioridad, como su
Introducción a la metafísica y muy especialmente las Aportaciones a
la filosofía. Se acostumbra a tomar ésta como la segunda etapa de su
obra. Heidegger consideró en ella su propio pensamiento como un
tránsito. No se trataba ya de metafísica, por cuanto la metafísica no
piensa el ser, ya que, si bien pregunta por el ser, contesta hablando del
ente en general, o del ente supremo. Tampoco se trataba ya de que se
esté en condiciones de desplegar el pensar del ser mismo. Sólo se tra-
taba de preparar el segundo comienzo del pensar, un comienzo ya no
metafísico.
¿QUÉ ES EL SER?
Heidegger pretende una renovación radical del pensamiento occi-
dental, o como él prefiere expresarlo, una superación del pensamiento
metafísico. Para él, el error de la metafísica —y que se remonta hasta
los orígenes del pensamiento— es una confusión entre el ser y el ente.
Una cosa es el ser y otra cosa son los entes. El hecho de ser es
completamente distinto a los entes que son. El pensamiento ha tratado
de fundar los entes en una especie de ente superior que se ha
confundido con el ser. Dios, la naturaleza, la sustancia, son entes.
Dicho de otro modo, no importa qué ente de los reales y conocidos o
de los trascendentes señalemos, siempre es un ente y nun-
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LA AVENTURA DE PENSAR
ca es el ser. Heidegger viene a decir que la metafísica siempre se ha
preguntado por el ser, pero ha contestado hablando del ente, ya sea del
ente en general (ontología) o del ente supremo (teología); de esta
manera, se olvida el ser mismo y se forja un pensamiento ex-
clusivamente entificante, cosificador. Ésta es la diferencia ontológica
que señala entre ser y ente, que es lo que debería ser la base de la
metafísica, pero ésta se queda con los entes y olvida al ser. La meta-
física potencia al ente y magnifica a algún tipo de ente y sustituye el
vacío del ser con esos entes superiores. Según Heidegger, si definimos
a Dios como un «Ser» perfecto, por ejemplo, en realidad lo estamos
pensando como un ente perfecto, pero aunque lo sea sigue siendo un
ente más.
¿Qué es el ser? Es algo que, en realidad, no queda nada claro. Hay
veces en las que parece que Heidegger juega a ir dando todo tipo de
atributos al ser. El ser no es un fundamento, no es un principio.
Incluso hay un momento en su obra, en sus apuntes, en que tacha la
palabra «ser» y pone la palabra «nada». Como si el ser equivaliera a la
nada.Y, en cierto modo, así es, porque el ser no es ningún ente: es
nada de ente. Es un pensamiento de difícil comprensión, pero señala
un hondo latido metafísico. Ninguno de los seres que existen —
potentes y gigantes— que nos imaginemos puede compararse a la
pregunta de por qué hay ser y no más bien la nada. Por qué existe un ente
cualquiera, cómo está ahí, cómo puede estar ahí, y cómo puedo pensar
ese estar. Eso, con una complejidad verdaderamente difícil muchas
veces de expresar y de comprender, le supuso a él un gran esfuerzo
filosófico que, sin duda, le costaba mucho expresar de manera
inteligible. Pero quizá ahí reside precisamente el centro del pensamiento
de Heidegger.
En los años siguientes al fin de la guerra, Heidegger dio a conocer
su Carta sobre el humanismo en respuesta a algunas afirmaciones de
Jean-Paul Sartre, que calificó a Heidegger de existencialista ateo y
humanista, todo lo cual fue rechazado por el filósofo alemán. Luego,
en lo que se ha llamado la última época de su pensamiento, Heidegger
interpretó el ser-en-el-mundo como un habitar poéticamente el mundo,
y propuso que la filosofía se aproximase decididamente a la
267
MARTIN HEIDEGGER
poesía, como un modo de no renovar el olvido de la diferencia on-
tológica, la diferencia entre ser y ente, propia del pensamiento meta-
físico.
EL «DASEIN»
Aunque la diferencia ontológica consiste en no confundir el ser
con el ente, el único modo que tenemos de acercarnos a la
comprensión del ser es, precisamente, a través de uno de los entes.
Ésta es la base, el contenido de Ser y tiempo, la obra más importante y
famosa de Heidegger. ¿Cuál es ese ente a través del cual podemos
llegar al ser? Es el Dasein, que a veces se traduce como «el ser ahí»,
como el ser arrojado a la existencia, como el ser que no tiene más
remedio que preguntarse por el ser, como el ser cuyo destino es ser el
hombre. El hombre es un ente, pero un ente cuyo ser problematiza su
ser constantemente, y que está de alguna manera vaciándose
constantemente de su ser, al intentar contemplarlo y aprenderlo.
La pregunta por el ser lleva, entonces, a Heidegger a la pregunta
preliminar por el ser de ese ente que somos cada uno de nosotros en
cada caso. Heidegger llamó Dasein al ser del hombre. Este término
alemán designa habitualmente a la existencia, pero Heidegger lo usó
en función de su etimología, «ahí-ser», para expresar que el ser del
hombre es el ahí del ser, el ámbito donde el ser se despliega y
manifiesta. La primera sección de Ser y tiempo se ocupa, por eso, en
analizar ese ahí que somos cotidianamente. Heidegger señala, en pri-
mer lugar, que el Dasein es pura apertura, es un ser-en-el-mundo,
porque está inevitablemente concernido por las cosas y las ocupa-
ciones que, precisamente, configuran su mundo. De este ser-en-el-
mundo se puede decir, entre otras cosas, que es un proyectarse en las
posibilidades que tiene ante sí en cada caso. Las resoluciones que to-
mamos a partir de esas posibilidades nos definen y también definen el
sentido de las cosas con las que a diario nos involucramos. Como,
además, el ser-en-el-mundo es siempre un ser-con los otros, el mundo
es esa trama de significaciones en la que convivimos.
268
LA AVENTURA DE PENSAR
El Dasein, el hombre, el ser ahí, es consciente de que brota y vie-
ne de la nada, y está constantemente como flotando en la nada. Eso
produce en el individuo angustia, que es la revelación de nuestra
auténtica condición, la temporalidad; somos temporalidad, somos fi-
nitud, y es desde esa condición que se realiza nuestro vivir con los
demás, que se desliza una y otra vez hacia la impropiedad, porque
Heidegger nos advierte que vivimos impropiamente, no por alguna
distracción o casualidad, sino porque estructuralmente nuestro ser
tiende a perder lo propio. Si lo propio de nuestra condición es la
mortalidad (y por eso ya los antiguos griegos calificaban a los hom-
bres como «los mortales»), lo impropio es pretender negarla, y esa
negación ocurre como caída en la banalidad, en la trivialidad, en la
avidez de novedades, en la vida impersonal. Pero la tentación de esa
negación es recurrente e inevitable. Hasta tal punto que nos perdemos
a nosotros mismos.
Heidegger señala que, al hablar del ser-en-el-mundo, que es el
modo de ser del hombre, podemos preguntar quién es en el mundo.
Pero si, en tal caso, contestamos «yo» nos equivocamos. Habitual-
mente, «uno» es en el mundo un «quien» impersonal, no yo mismo.
Vivimos al amparo de los roles sociales, de lo que se espera que ha-
gamos, pensemos y digamos. La vida impersonal del «uno» nos releva
de nuestro sí mismo. Sólo excepcionalmente somos auténticos. En
general, nuestra vida se pierde en la inautenticidad.Y es natural que así
suceda. El motivo es que nuestro propio modo de ser implica asu-
mirnos como radicalmente finitos, aceptar la angustia de no poder
cumplir todas las posibilidades que se despliegan ante nosotros, correr
el riesgo de equivocarnos y arrepentimos y sentirnos culpables de las
elecciones que hacemos, y, en fin, vivir cada momento de nuestra vida
ante nuestra mortalidad.
Así, el arrepentimiento y la culpa nos muestran que lo pasado es
presente. La mortalidad asumida, o, como dice Heidegger, el ser-
hacia-la-muerte, en tanto es un anticiparse a la más radical posibilidad,
muestra que lo futuro es presente. Dicho de otro modo, somos tem-
poralidad. El ser que somos cada uno de nosotros es pura tempori-
zación, entendida como esa tensión de pasado, presente y futuro que
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MARTIN HEIDEGGER
nos constituye. Pasado, presente y futuro son modos de ser de esa
temporalidad que somos. Heidegger los llama éxtasis temporales. El
tiempo se revela en el análisis del Dasein como horizonte de
comprensión del ser. El ser no es permanente presencia, como suponía
la tradición occidental, sino advenir o acontecer. Ese advenir o acontecer
es la temporalidad que somos.
La idea de Heidegger es que el ser del hombre (el Dasein) está
siempre arrojado hacia sus múltiples posibilidades, pero entre todas
ellas hay una que siempre está presente: la de morir. La muerte no es,
para el Dasein, sólo el cesar. También los animales cesan, pero sólo el
hombre muere. La muerte es la posibilidad de que ya no haya más
posibilidades para el Dasein, es la posibilidad de que el Dasein mismo
sea imposible. Para Heidegger, vivimos huyendo de esta idea del
morir, o sea, de la idea de que retornaremos a la nada de la que ve-
nimos. La vida del hombre es un entre, y los extremos —la nada del
antes y la nada del después— no le pertenecen. Y cuanto más huimos
de la idea de la muerte, cuanto más la negamos, más tiñe ella —en
razón de nuestra negación— nuestra existencia de inautenticidad, de
impropiedad. La única forma de recuperar un poco de autenticidad
existencial es, según Heidegger, vivir de cara a la propia mortalidad.
Es lo que él llama «ser-para-la-muerte», o, mejor, «ser-hacia-la-
muerte».
En Ser y tiempo, Heidegger dice que la muerte es siempre mi
muerte, la propia muerte para cada uno de los que podemos decir
«yo», es decir, para los Dasein o seres que existimos aquí arrojados al
mundo destinados ontológicamente a perecer. Como cada muerte es
esencialmente la mía y no el destino genérico de la especie de la que
soy simplemente miembro de número, es la muerte lo que me cons-
tituye con irrepetible propiedad. Para cada uno, la muerte no es un
acontecimiento más del mundo sino la limitación intrínseca de éste, la
posibilidad de que las posibilidades de y para las que vivimos acaben,
de que todo se haga de una vez para siempre imposible. Ante la
muerte cabe fraguar una existencia hecha de estratagemas falseadoras
que la conviertan en un simple «incidente», algo que pasa todos los
días y que me llega desde fuera por pura casualidad, de lo que me
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LA AVENTURA DE PENSAR
desentiendo en la trivialidad de mis labores cotidianas; pero la exis-
tencia auténtica es la que no intenta neutralizar ni minimizar el suceso
esencial de la muerte, nuestra más íntima pertenencia, sino que la deja
reinar libremente sobre el Dasein y acepta su grandeza absoluta,
viviendo la vida propia sub specie morti, es decir, con la muerte como
único horizonte.
SU RELACIÓN CON EL NAZISMO
Heidegger se adhirió al proyecto nacionalsocialista con plena con-
ciencia; este hecho es fundamental en relación con su obra, y nunca
modificó una línea de sus escritos de esa época, ni prohibió su publi-
cación o se avergonzó de ellos en lo más mínimo. Pero lo esencial es
que Heidegger participó en el nacionalsocialismo como pensador
auténtico, no como un teórico alucinado a lo Rosenberg.
6
Por lo tanto,
sólo desde la comprensión de su pensamiento y de la tarea del pen-
sador en general tiene interés su relación con el nazismo y no al revés.
Lo único que se ha hecho es constatar, negar o deplorar su adhesión al
nazismo, pero no pensarla. Tal parece que la categoría «nazi» fuese
tan homogénea y omniexplicativa que agotase plenamente la
peculiaridad de quien cae bajo ella, sea Goebbels
7
o Heidegger. ¿Qué
más se puede decir de alguien convicto de nazismo, por muy pensador
que sea? Pues el pensador, o acierta, es decir, o piensa como nosotros,
como los buenos, como se ha descubierto que hay que pensar, o no
merece crédito como pensador. Pero esto es desconocer por completo
la gracia —y desgracia— de la aventura de pensar. A quien quiera
estar seguro de acertar, de «ir con la historia» y de tener toda la razón,
lo mejor que se le puede aconsejar —no otra cosa hacen los
redentores, confesores y comisarios que nos rodean— es que no
piense. Como sustituto de la especulación se puede recurrir a lo que un
amigo llama el «dogma de la pura mierda», que dice así: de aquí para
allá, todo pura maravilla; de allá para acá, todo pura mierda.Y a vivir que
son dos días.
En Heidegger hay más cosas que el nazismo, pero también está — y
fundamentalmente— el nazismo. Sin el clima histórico y cultu-
271
MARTIN HEIDEGGER
ral de donde brotó el nazismo, no se entiende del todo a Heidegger; y
sin el pensamiento de Heidegger no puede entenderse a fondo el
nazismo, el cual —por muy poca simpatía política que nos despierte—
ha sido sin duda uno de los movimientos sociales decisivos del siglo
xx. Heidegger no es un gran pensador a pesar de haber sido nazi, lo
mismo que Ernst Bloch
8
no lo es a pesar de haber sido estalinista, sino
que ambos demuestran su valía pensando sin remilgos el anhelo que
yace bajo el atroz mecanismo totalitario. Los burócratas y los
verdugos son la cara oficial de un movimiento hacia la colectividad
absoluta cuyas raíces pueden rastrearse hasta Platón y cuyo íntimo
mensaje revelan, más allá de los estrechos dogmas de los cabecillas,
los conceptos de un Heidegger o de un Bloch. La lección es clara e
imprescindible: la filosofía está hecha de carne, huesos y sangre,
nunca se piensa de verdad sin consecuencias. Lo que desde el punto
de vista cívico fue quizá el pecado de Heidegger es para nosotros, los
que a partir de él queremos entender nuestro tiempo y nuestra
condición, su mayor mérito.
EL FILÓSOFO CONTEMPORÁNEO MÁS INFLUYENTE
Asumir la temporalidad que somos sin subterfugios ni
distracciones es lo que nos permitiría apropiarnos realmente de un
destino que nos salve de la mediocridad y de la rutina de la época
contemporánea. Heidegger es sin duda el filósofo contemporáneo más
influyente. Su pensamiento ha marcado, de una u otra forma, a
muchísimas generaciones y ramas diferentes de la filosofía, en
Francia, en Italia, en ocasiones en Hispanoamérica y, por supuesto, en
Alemania. La influencia de Heidegger ha sido extraordinaria, con sus
estudios sobre el lenguaje, sobre la idea de cómo el hombre habita el
ser. El lenguaje es la casa del ser; no nos enfrentamos a los entes
desnudamente, sino siempre lingüísticamente, como hablantes de un
idioma. Así, mediante el lenguaje, el hombre habita en la cercanía del
ser y el modo más originario de ese habitar es el poetizar, no en el
sentido de hacer rimas, sino en el de nombrar creativamente —
etimológica-
272
LA AVENTURA DE PENSAR
mente, «poesía» viene de póiesis, que, en
griego, significa «creación»—, recrear, inaugurar
cada vez el mundo.
Los últimos escritos de Heidegger se hacen
paulatinamente más
crípticos. Renuncia, por supuesto, a cualquier
pretensión de articu-
lación académica. Son de alguna forma ideas
no fácilmente com-
prensibles y lanzadas de formas que se aceptan
o no. No hay un es-
fuerzo por hacerlas verosímiles por la vía de la
argumentación, es un
pensamiento sentencioso. En cualquier caso, la
figura de Heidegger,
controvertida, poco edificante en lo humano,
vinculada al nazismo
aunque quizá no ideológicamente del todo, es
apasionante. Sin duda,
con una mente superior y aun inspirando
desagrado, es una de las
grandes figuras intelectuales y uno de los grandes
no ya del siglo xx,
sino quizá de toda la historia.
22
Ludwig Wittgenstein, filósofo ingeniero
Ludwig Wittgenstein fue uno de los filósofos más influyentes del
siglo xx. Afirmarlo no es una exageración. Pero, además, fue un indi-
viduo singular, con una personalidad fascinante. Nació enViena en
1889 en el seno de una gran familia austríaca de gran fortuna y abo-
lengo de origen judío, siendo el menor de ocho hermanos. Su padre
era un importante industrial siderúrgico y protector de la cultura. El
joven Ludwig fue educado por profesores privados hasta los catorce
años. Luego cursó estudios en la Escuela Real de Linz
1
y en la Escuela
Técnica Superior de Berlín. Su formación como ingeniero lo llevó a
inscribirse en la Universidad de Manchester
2
y a diseñar un exitoso
motor para aviones. Pronto sus intereses se desplazaron hacia las
matemáticas puras y el problema de su fundamentación. El lógico
alemán Gottlob Frege, internacionalmente famoso por ese entonces, le
aconsejó estudiar con Bertrand Russell en Cambridge. Aunque
Wittgenstein no llegó nunca a leer y a estudiar filosofía en el sentido
estricto, académico, del término, empezó a hacer aproximaciones al
pensamiento filosófico. Como ya se ha dicho en el capítulo dedicado a
Russell, había escrito, junto con Alfred North Whitehead, una obra
titulada Principia mathematica, en la que pretendía deducir toda la
matemática de la lógica. Dicho trabajo fue crucial para la constitución
de la matemática contemporánea. Wittgenstein la leyó
cuidadosamente, tras lo cual decidió abandonar la ingeniería y
dedicarse a la filosofía.
Cierto día abordó al pensador gales a la salida de una clase donde
había asistido como oyente, y le dijo: «Profesor Russell, quiero que
256
LA AVENTURA DE PENSAR
usted me diga si soy un idiota o no». Russell le preguntó la razón de
una petición tan curiosa y Wittgenstein le contestó: «Porque si soy un
idiota voy a seguir haciendo lo que hago, que es dedicarme a la inge-
niería aeronáutica; y si no lo soy, deseo dedicarme a la filosofía». Pru-
dentemente, Russell le repuso: «Verá, en verdad no sé si es usted un
idiota o no. Tráigame algo que haya escrito para que yo pueda leerlo y
hacerme así, quizá, una idea respecto de su inteligencia». Días des-
pués, Wittgenstein volvió a abordarlo, esta vez para entregarle un es-
crito. Russell lo leyó y, al día siguiente, al encontrarse con Wittgens-
tein le dijo: «Usted no debe dedicarse a la ingeniería aeronáutica».
En 1913 murió el padre de Wittgenstein, y éste se trasladó a
Noruega. Construyó una cabana en un solitario fiordo y vivió en un
profundo aislamiento. Durante un año aproximadamente trabajó
intensamente en diversos problemas de lógica y mantuvo
correspondencia con Russell.
Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, se alistó como
voluntario en la artillería austríaca. Durante los cuatro años que estuvo en
el frente llevó en su mochila algunos cuadernos en los que anotaba sus
pensamientos filosóficos. En 1918 cayó prisionero del ejército
italiano. En el campo de prisioneros de Montecassino,Wittgenstein
dispuso de tiempo libre para revisar y reordenar sus apuntes. Desde su
prisión, gracias a John Maynard Keynes,
3
condiscípulo suyo de
Cambridge, logró hacerle llegar una copia a Russell. El manuscrito se
titulaba Tractatus logico-philosophicus.
UNA PERSONALIDAD ATRACTIVA
Wittgenstein era un hombre extraño, callado, melancólico, de
extraordinaria belleza física, cuya condición homosexual nunca logró
asumir de manera explícita. Quienes lo conocieron aseguraron que
tenía un influjo e influencia extraordinarios en todo aquel que lo
trataba de forma personal.
Después de la guerra, fue liberado de su cautiverio en 1919. En
Viena renunció a su parte de la herencia paterna en favor de sus her-
257
LUDWIG WITTGENSTEIN
manos. Se encontró con Russell y discutió con él su trabajo línea por
línea. Ciertas diferencias entre las perspectivas de uno y otro se
hicieron cada vez más evidentes. El Tractatus logico-philosophicus
fue publicado en alemán en 1921.
EL LENGUAJE GENERA UN MUNDO PARA CADA INDIVIDUO
El mérito de Wittgenstein es que puso el tema del lenguaje en el
centro de la atención del pensamiento contemporáneo. Los lenguajes
que nosotros manejamos de una manera espontánea y reflexiva dan
lugar a todo tipo de trampas, equívocos y paradojas. Hay una
posibilidad de hacer un lenguaje que realmente sea una verdadera
descripción del mundo tal cual es, purificado de alguna forma de todas
las ambigüedades que lo constituyen habitualmente. El Tractatus es
un esfuerzo por concretar una teoría del lenguaje, y a través de él una
teoría del mundo. Cada uno tenemos un mundo que nos viene dado a
través del lenguaje. Las proposiciones del lenguaje representan de
alguna forma, el mundo que existe, incluso pictóricamente. Hay una
aproximación pictórica que surge de la propia disposición de las
palabras en una frase, pues en una proposición está representado un
hecho del mundo en el que nos movemos. Todo el esfuerzo de
Wittgenstein está orientado a analizar y desentrañar el modo en que el
lenguaje se relaciona con el mundo, a partir de la sospecha de que esa
relación está tapada por la cantidad de los diversos lenguajes que
utilizamos, y por sus caprichos semánticos. Pero ¿cuál es el núcleo
central en el cual el lenguaje logra convertirse en reflejo del mundo y
hasta qué punto ese mundo nos llega exclusivamente a través de esa
esencia del lenguaje?
El Tractatus está escrito en pequeños parágrafos numerados que dan
la impresión de ser un manual técnico de un aparato o algo por el estilo.
Ese aparato, efectivamente, tiene que ver con el lenguaje y también
con frases que tienden, de vez en cuando, a lo críptico y rozan lo místico.
Todo el pensamiento —dice Wittgenstein—, todo lo que se expone en ese
pequeño libro, cabe al final en una proposi-
258
LA AVENTURA DE PENSAR
ción: «De lo que no se puede hablar, mejor es callar». Es como una
escalera por la cual subimos y una vez que hemos llegado a donde
queríamos —a comprender lo que queríamos— la olvidamos porque
lo que cuenta es haber llegado a ese estadio de mayor lucidez. Ese
pequeño Tractatus fue presentado como una especie de tesis doctoral,
apadrinada por el propio Russell, que le escribió un prólogo, y por
George Moore. Hubo un debate de lo más animado porque
Wittgenstein no era precisamente muy respetuoso con sus mayores y
discutía con ellos, dejando de lado sus antecedentes y prestigio.Y al
final, cuando Russell y Moore le otorgaron el reconocimiento aca-
démico que había buscado, él salió pasando el brazo confiadamente
por encima de cada uno de ellos diciéndoles: «Ustedes nunca enten-
derán nada».
En 1922 Russell le animó a publicar en Inglaterra su texto con una
introducción para facilitar la edición del libro. Wittgenstein no
aprobaba la introducción de Russell, convencido de que mostraba
incomprensión de aspectos centrales de su trabajo, y ambos se
distanciaron definitivamente.
EL TRACTATUS
El Tractatus gira alrededor de siete tesis. La primera afirma que el
mundo es todo lo que sucede. La segunda introduce la noción de
hecho atómico
4
y lo define como combinación de entidades. De tal
modo, una cosa cualquiera sólo puede ser pensada a partir de los he-
chos atómicos en que puede entrar. Podemos pensar una silla, por
ejemplo, sólo a partir de los hechos en que ella puede aparecer, como
el que alguien se siente en ella, o se pare en ella, o que se la ponga
junto a una mesa, o cerca de una puerta, etcétera. Así, no podemos
pensar ningún objeto fuera de la posibilidad de su conexión con otros.
La tercera tesis define el pensamiento como figura lógica de los
hechos. Señala, en consecuencia, que lo que es pensable es también
posible. La cuarta tesis enfatiza la relación entre pensamiento y
lenguaje. Señala que la mayoría de las cuestiones filosóficas no son
259
LUDWIG WITTGENSTEIN
falsas, sino que simplemente carecen de sentido. Para demostrar esta
afirmación,Wittgenstein introduce una serie de precisiones respecto
del simbolismo lógico.
5
Es aquí donde el famoso proyecto de Russell
de presentar un edificio deductivo de la lógica y la matemática es
radicalmente criticado. Y es en el curso de tal crítica que Wittgenstein
despliega su original concepción del simbolismo y de la lógica misma.
Una de las aportaciones más celebradas para el ámbito del simbolismo
lógico es su propuesta de las tablas de verdad.
6
En la quinta tesis se
introduce la noción de proposición elemental, y en la sexta se analiza
la forma general de las funciones de verdad y de las proposiciones. Es
a la luz de estos desarrollos que el Tractatus expone su afirmación
más polémica: «Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi
mundo». Esto significa, en primer lugar, que los límites del mundo
son también los límites de la lógica. Nada podría ser ilógico, porque si
lo fuera no pertenecería al mundo. En segundo lugar, que el mundo es
mi mundo; de modo tal que yo soy mi mundo. Y, en tercer lugar, que
el lenguaje es comprendido como esencialmente privado. Contra ello
reaccionaría el propio Wittgenstein en su obra posterior.
Además de ocuparse de los problemas del simbolismo lógico y de
refutar breve y sistemáticamente el proyecto de los Principia ma-
thematica, el Tractatus intenta describir la estructura del lenguaje pre-
posicional en general y delimitar lo que excede esa estructura. Ese
exceso es lo que Wittgenstein llama «lo inexpresable» o «lo místico».
Finalmente, la última tesis del Tractatus, «De lo que no se puede ha-
blar, mejor es callarse», es quizá la más famosa. Fue entendida como
una crítica al discurso metafísico, pero también podía interpretarse
como un llamamiento a cierto tipo de silencio místico y a una re-
novada humildad del discurso humano. El propio Wittgenstein declaró
en el Prólogo que lo más importante de su obra no era lo que decía,
sino precisamente lo que callaba.
260
LA AVENTURA DE PENSAR
UN ADIÓS A LA FILOSOFÍA
Entre 1920 y 1925,Wittgenstein abandonó la filosofía y trabajó
como maestro en varias aldeas austríacas. En 1926 ingresó como
jardinero en un monasterio cerca de Viena. También se dedicó a
diseñar y construir una casa para una de sus hermanas, tarea que lo
ocupó durante dos años. En 1927 conoció al filósofo Moritz Schlick
7
y, a través de él, a Rudolf Carnap
8
y a FriedrichWaissmann.
9
Se reunió
periódicamente con ellos y comenzó nuevamente a discutir problemas
filosóficos. En estas discusiones,Wittgenstein sintió una creciente in-
satisfacción con las doctrinas del Tractatus que tanto maravillaban a
sus amigos y decidió que su trabajo no estaba terminado.
En 1929 regresó a Cambridge y obtuvo el doctorado en filosofía.
Dio una importante disertación conocida como Conferencia sobre
ética y comenzó a dictar clases reducidas, que pronto se hicieron fa-
mosas. Enseguida empezó a circular el rumor de que estaba desarro-
llando una filosofía radicalmente distinta de la del Tractatus. No eran
rumores vanos. En poco tiempo, Wittgenstein dio a conocer una fi-
losofía completamente diferente. Dejó de lado la búsqueda de un
lenguaje puro que estuviese al margen de la turbulencia de los len-
guajes reales. Su idea central fue que no hay una esencia pura del
lenguaje —porque no hay una función básica del lenguaje de la cual
todas las otras serían derivadas o dependientes—, lo que hay son di-
ferentes juegos de lenguaje mediante los cuales interactuamos, y las
palabras tienen sentido sólo respecto de su uso. Por lo tanto, preguntar
por un juego de lenguaje es, en el fondo, preguntar por una forma de
vida, de interacción, de convivencia.
Wittgenstein realiza una crítica muy fuerte de la idea de un lenguaje
privado en su libro postumo Investigaciones filosóficas. Nadie puede
tener un lenguaje de significados privados, porque significar quiere
decir que uno adopta un símbolo y lo comparte con otros que lo entienden.
En esta crítica se produce una importante profundización de la
comprensión del lenguaje.Wittgenstein plantea que el lenguaje no sólo
representa los hechos del mundo, sino que también sirve para pedir, orar,
preguntar o llamar. No puede reducirse,
261
LUDWIG WITTGENSTEIN
pues, el fenómeno lingüístico a la función descriptiva o informativa. Y
cuando se analiza el lenguaje en todas sus manifestaciones, se deja ver
que se trata de una relación interpersonal. Estudiar un lenguaje, o un
uso de un lenguaje, es estudiar una forma de vida social, en la cual nos
relacionamos mediante diferentes juegos. Alcanzar una comprensión
adecuada del lenguaje no significa más que comprender los diversos
juegos de lenguaje en que nos vemos inmersos. En el 7ractaíMS,
Wittgenstein había entendido la filosofía como una terapéutica. Esa
noción se agiganta en las Investigaciones lógicas. La filosofía debe
aclarar los conflictos en que nos vemos envueltos cuando
confundimos los juegos de lenguaje que jugamos. Debe mostrarnos
que estamos jugando mal cuando despojamos a las palabras de sus
usos cotidianos y sus situaciones concretas. Es lo que habitualmente
ocurre cuando los filósofos tradicionales persiguen esencias puras. En
realidad, no hay un orden perfecto por descubrir, sino una innume-
rable dispersión de órdenes posibles establecidos desde los juegos de
lenguaje en que cotidianamente participamos y las respectivas prác-
ticas sociales. Aquí se anudan el Tractatus y las Investigaciones, en la
noción de que la filosofía no es, en última instancia, una teoría o una
doctrina, sino una actividad.
Esta segunda filosofía de Wittgenstein desmiente su pensamiento
anterior pero también, por otra parte, lo prolonga y lo complementa.
La primera filosofía de Wittgenstein fue aceptada por los neo-
positivistas,
10
de la Escuela deViena, que la consideraron un avance
importante. Su segunda filosofía dio lugar a lo que se llama la «filo-
sofía del lenguaje ordinario, de la Escuela de Cambridge y toda una
gran corriente de filosofía anglosajona que prácticamente ha llegado
hasta nuestros días.
En 1937, cuando Alemania se anexionó Austria, Wittgenstein
adoptó la ciudadanía británica. Los apuntes de sus clases comenzaron
a circular por círculos cada vez más amplios. Durante toda la Segunda
Guerra Mundial colaboró como enfermero en Londres y en Newcastle.
En 1947 renunció a su cátedra en Cambridge y se estableció en
Irlanda, donde falleció víctima de un cáncer cuatro años después.
262
LA AVENTURA DE PENSAR
UNA VIDA MARAVILLOSA
Wittgenstein tenía un grupo de
adoradores que le seguían
verdaderamente como si fuera, no un
filósofo, sino un gurú, un
personaje místico. Cuando se anunció que iban
a salir editadas las
Investigaciones filosóficas —que no es un
libro precisamente
divertido ni sencillo— en todas las grandes
librerías, en especial en
Cambridge, sus adictos formaron colas
interminables desde la
madrugada, porque nadie quería quedarse sin la
obra de este pensador
singular. Su influencia en un primer momento fue
absoluta en toda la
filosofía anglosajona, mientras que en la Europa
continental fue visto
con bastante distanciamiento, con rechazo, e
ignorado en buena
medida. Cuando murió relativamente joven, a los
sesenta y dos años
de edad, le pidió al médico que lo estaba
atendiendo que le
transmitiera a sus amigos: «Dígales que he
tenido una vida
maravillosa». No tenemos por qué no creerle.
14
Karl Marx, el filósofo del cambio
Karl Marx fue y es leído por muchos y también tuvo numerosos
discípulos. Ejerció una gran influencia en círculos académicos, y
resultó el promotor de un enorme movimiento de masas que dio un
giro a la historia. De familia judía, nacido enTréveris en 1818, se
ocupó fundamentalmente del estudio económico de la sociedad de su
época. En su juventud sintió atracción por los filósofos materialistas
griegos, como Epicuro y Democrito de Abdera, en quienes basó su
tesis de doctorado.Vivió gran parte de su vida ganándose el sustento
como periodista, tarea que desarrolló con talento. Sus crónicas son
atractivas y tienen ironía y un sentido despiadado del realismo.
Cuando uno lee libros como El 18 brumarío de Luis Bonaparte, o sus
artículos de aquellos días, siente toda la fuerza de un notable perio-
dista que hoy sería considerado de investigación.
El pensamiento de Marx se podría resumir en una frase. En una de sus
tesis sobre Ludwig Feuerbach, la número once, que es la que ha
llegado a ser más célebre, dice: «Los filósofos no han hecho más que
interpretar de diversos modos el mundo; de lo que ahora se trata es de
transformarlo». Quizá éste es el resumen de su impulso filosófico.
Marx no quiso simplemente conocer el mundo, sino cambiarlo,
aunque por supuesto sabía que no se puede transformar la realidad sin
174
LA AVENTURA DE PENSAR
ABOGADO, HISTORIADOR Y ECONOMISTA
El padre de Karl Marx fue un próspero abogado judío de ideas
liberales. Cuando Prusia se anexionó la zona de Renania, puso en
vigor la reglamentación que prohibía a los judíos, entre otras cosas,
trabajar en la administración de justicia. Por lo tanto, para poder
continuar ejerciendo como hombre de leyes, en 1824 se convirtió al
evangelismo e hizo bautizar a su esposa e hijos. Hasta 1835, el joven
Karl cursó sus estudios en el Liceo Friedrich Wilhelm, en Tréveris, y
luego estudió derecho en las universidades de Bonn y Berlín. Como
era un muchacho muy inquieto y brillante, estudió también filosofía,
historia, historia del arte y literatura. En 1841 obtuvo el título de
doctor en filosofía en la Universidad de Jena. Sin embargo, decidió no
seguir la carrera académica y docente y dedicarse al periodismo.
Publicó así, en 1842, algunos artículos en diversos medios de la
izquierda hegeliana y pronto llegó a dirigir en Colonia un periódico
liberal auspiciado por industriales renanos. Por esa época conoció a
quien sería a partir de entonces su mejor amigo y su más incondicional
colaborador, Friedrich Engels.
1
Al año siguiente, contrajo matrimonio con una amiga de la in-
fancia, Jenny von Westphalen. En esos años, además, redactó varios
ensayos, entre los que cabe señalar el titulado Sobre la cuestión
judía,y concluyó su Crítica de la filosofía del Estado de Hegel. Para
Marx, el Estado no era, como parecía ser para Hegel, la realización
racional de la libertad, sino la institucionalización de la explotación de
toda una clase, la de los trabajadores asalariados, que quedaba
marginada de la plena humanización. La contradicción entre
capitalistas y proletarios exigía su superación dialéctica. Hegel no veía
esto, según Marx, y así su filosofía terminaba legitimando el statu
quo. Sin embargo, no se trataba de rechazar a Hegel, sino de hacerle
asentar firmemente sus pies en la materialidad de lo real, utilizando
justamente la dialéctica, el principal descubrimiento hegeliano. Sólo
que en virtud de este giro ya no se estaba ante una dialéctica idealista,
sino materialista.
175
KARLMARX
EL MATERIALISMO DE MARX
Los materialismos de la Antigüedad, el de un Demócrito, un
Epicuro, o de un Lucrecio, lo eran en un sentido estricto. Explicaban
que todo está hecho de átomos, que la realidad no tiene espíritu, sino
que todo es cuerpo. Pero no se introducían en el campo de lo histórico.
El materialismo de Marx parte, en efecto, de estos materialistas
clásicos de la Antigüedad, pero introduce la dimensión histórica. Lo
importante no es solamente que todo el mundo sea material, que todo
esté hecho de átomos y de cuerpos, es decir, que no haya espíritus
sobrenaturales. Pero esto no sólo se aplica a la naturaleza, sino que
además influye en la historia, porque también los pueblos y las
sociedades se desarrollan en función de mecanismos materiales. Así,
el mundo en el que vivimos está basado en condiciones materiales. Se-
gún Marx, normalmente ponemos por encima de la realidad a los
ideales, las grandes palabras, las virtudes, la justicia, los más elevados
sentimientos, y no nos damos cuenta de que son las condiciones ma-
teriales las que determinan realmente nuestras sociedades. Los seres
humanos nos desarrollamos de acuerdo con nuestras posibilidades
tecnológicas, y también en función de las desigualdades económicas.
Dicho de otro modo, la jerarquía que da el hecho de que unos posean
y los otros tengan que trabajar para los que poseen y para sus subsis-
tencias. Esas condiciones materiales surgen de lo que comemos y ne-
cesitamos en general para sobrevivir, así como de lo que producimos
tecnológicamente. Las condiciones materiales, además, son las que
determinan nuestras ideologías y las impresiones que tenemos del
mundo. Es esa base, esa infraestructura material la que explica, la que
da cuenta de nuestra visión de la realidad y se expresa a través de las
ideologías políticas y, en general, de todas las visiones ideológicas que
pretenden explicar lo real. Para Marx hay que dar la vuelta a las cosas
y decir, si queremos entender el mundo, que no debemos escuchar a
los ideólogos, y debemos tratar de comprender la materialidad de las
relaciones tecnológicas, económicas, en las que viven los pueblos.
Marx explica que la naturaleza de los hombres depende de con-
diciones materiales. Las instituciones e ideologías mediante las cua-
176
LA AVENTURA DE PENSAR
les los hombres regulan sus relaciones, se comprenden a sí mismos y
entienden el mundo en el que viven están condicionadas por la base
económica de la sociedad. Por lo tanto, según Marx, los hombres sólo
podrán realizarse plenamente en una sociedad libre y racional. Ahora
bien, en la sociedad capitalista grandes sectores de la población son
relegados a condiciones inferiores de vida en nombre del principio de
la división del trabajo. Esto significa que, en términos hegelianos, la
sociedad capitalista carece de realidad racional. Entendiendo esa
realidad es como vemos la verdad de la sociedad, que no está en su
ideología o en su discurso, a veces autocomplaciente, que tiene sobre
sí misma, sino en sus relaciones económicas y sociales. Ése fue el
gran giro que promovió el pensamiento de Marx.
VIDA DE PERIODISTA
En 1844, Marx se instaló con su esposa en París, donde intentó
vivir de sus colaboraciones periodísticas para diversos periódicos y
revistas. Comenzó a estudiar a fondo a los economistas clásicos
ingleses y entró en contacto con la llamada Liga de los Justos, una
sociedad comunista secreta, así como con diferentes uniones obreras.
Marx encontró una gran afinidad entre sus propias opiniones y las
doctrinas de los comunistas, que cuestionaban radicalmente el sistema
capitalista y proponían la propiedad común de los medios de
producción. En esos años escribió sus Manuscritos económico-
filosóficos, que permanecerían inéditos durante casi noventa años. En
ese texto, Marx denunció la naturaleza alienada del trabajo bajo el
capitalismo, contrastándola con la idea de una sociedad posible en la
que los hombres pudieran desarrollarse libremente en un marco de
producción cooperativa. Se relacionó también con los anarquistas y
escribió, junto con Engels, un libro que fue publicado en 1845 y que
cuestionaba el mundo académico alemán de esa época. La sagrada
familia fue el nombre —obviamente irónico— con el que ambos
autores aludían a los más prestigiosos profesores académicos
alemanes, con Bruno Baúer
2
a la cabeza. Luego colaboró en un
semanario escrito en ale-
177
KARL MARX
man, de tendencia claramente antiprusiana, que se publicaba en París.
Cuando el gobierno de Prusia, molesto ante las críticas de que era
objeto, solicitó al Ministerio del Interior francés que tomara medidas
para acabar con esa publicación, todos los columnistas y periodistas
del semanario vieron sus visados revocados. Entre ellos, Marx.
Expulsado de Francia, se dirigió a Bruselas. Redactó allí sus famosas
Tesis sobre Feuerbach y La ideología alemana, libro que fue
conocido después de su muerte.
EL MANIFIESTO COMUNISTA
En 1847, Marx dio a conocer su Miseria de la filosofía, obra en la
que respondía polémicamente a la Filosofa de la miseria del
anarquista Pierre-Joseph Proudhon. Los anarquistas rechazaban toda
forma de propiedad y de Estado, así como cualquier alineamiento
político. Marx criticaba el régimen de propiedad burguesa y pretendía
reemplazarlo por uno comunista. Para ello aceptaba organizar un
partido proletario que se planteara la acción política con la finalidad de
apropiarse del Estado. Para Proudhon, estas estrategias sólo podían
reproducir los sistemas represivos.
Ese mismo año, Marx fundó, junto con Engels, la Sociedad de
Obreros Alemanes de Bruselas, fue elegido vicepresidente de la lla-
mada Acción Democrática, y poco después participó en el Segundo
Congreso de la Liga de Comunistas, celebrado en Londres. Entonces
se le encargó redactar, junto con Engels, un manifiesto. Ese texto, co-
nocido como El manifiesto comunista, fue publicado en febrero de
1848. En él, Marx y Engels plantearon que la historia de las socieda-
des es siempre la historia de las luchas de clases. Este principio fue la
base de lo que luego se llamaría el materialismo histórico.
El manifiesto comunista es uno de los textos más célebres de la fi-
losofía y uno de los más extraordinarios elementos subversivos de to-
dos los tiempos. Un verdadero evangelio de la nueva clase. Dicen
Marx y Engels en El manifiesto: «Las particularidades y los contrastes
nacionales de los pueblos se borran más y más al mismo tiempo que
178
LA AVENTURA DE PENSAR
se desarrollan la burguesía, la libertad de comercio, el mercado mundial,
la uniformidad de la producción industrial y las condiciones de vida
resultantes. Cuando el proletariado llegue al poder, las hará desaparecer
más radicalmente todavía. Una de las primeras condiciones de su
emancipación es la acción unificada, por lo menos la de los trabajadores
de los países civilizados. En la medida en que se suprima la explotación
del hombre por el hombre, se suprimirá la explotación de una nación por
otra nación».
LA LUCHA DE CLASES
En 1849, Marx publicó Trabajo asalariado y capital, y también
un artículo sobre la historia del Imperio prusiano que tuvo como
consecuencia su inmediata expulsión del territorio alemán, donde
había vuelto a residir. Marx se instaló entonces con su familia en
Londres. Por su condición de inmigrante irregular, no podía acceder a
un trabajo estable y su única posibilidad de subsistencia consistía en
escribir artículos para diversos periódicos. Si bien tuvo algún éxito en
ese campo, se trataba de un trabajo bastante mal pagado y la situación
económica de la familia Marx se convirtió en insostenible. Tres de sus
hijos fallecieron en esos años, y la salud de su esposa y la suya propia
se deterioraron irreversiblemente. En realidad, sólo pudo sobrevivir
gracias a las ocasionales ayudas económicas de Engels. Sin embargo,
Marx no dejó de estudiar y producir. Entre otras cosas, mejoró su
dominio del inglés y el francés, y aprendió español y ruso. Todos los
días iba a la Biblioteca del Museo Británico y allí leía y escribía. En
1850 publicó Las luchas de clases en Francia, y en 1852, El 18
bmmario de Luis Bonaparte. También por entonces concibió el pro-
yecto de elaborar una crítica de la economía política clásica. Debido a
sus problemas financieros, familiares y de salud, el trabajo fue mucho
más lento de lo que en principio había previsto. En 1859 publicó,
como primera parte del trabajo proyectado, su Contribución a la
crítica de la economía política, obra que tuvo muy buena acogida, en
la que Marx expone que el estadio histórico que denominamos capi-
179
KARL MARX
talismo debe ser superado en virtud de su radical irracionalidad. Claro
que dicha irracionalidad aún debía ser probada con claridad. A ello se
dedicaría la continuación de este texto, un estudio pormenorizado
sobre el capital.
LA PLUSVALÍA
La fuerza de la obra de Marx reside en que se centra en un tema
económico. Piensa que los seres humanos estamos obligados a trabajar
para reproducir nuestras sociedades, para obtener nuestros alimentos,
cobijo, la protección que necesitamos y, en definitiva, para desarrollar
nuestra vida en común. Los individuos estamos alienados porque la
mayoría de nosotros no somos verdaderamente dueños de lo que
hacemos y de nuestro trabajo. ¿Por qué? La respuesta es que hay una
distribución socialmente injusta, un mundo de poseedores del capital
—de la masa fundamental económica de una sociedad— que facilitan
y aportan el dinero para la producción, para la maquinaria, etcétera, en
la que van a trabajar el resto de los miembros de la comunidad. Los
poseedores del capital (que, por tener el capital, poseen los medios de
producción) obtienen ese producto, pero además una parte excedente
de lo que producen esos trabajadores, una plusvalía, que en lugar de ir
a los trabajadores mismos va a los dueños de los medios de
producción. Ésa es la base de la economía burguesa. El dueño del
capital obtiene lo que ha invertido en el trabajo por costear el trabajo
de los demás, pero también una plusvalía, una renta excedente que le
permite ir acumulando cada vez más, mientras que los trabajadores
nunca llegan a ser dueños plenamente de lo que están haciendo.
Según Marx, la riqueza no es producida por el capital, sino por el
trabajo humano. Lo que origina la ganancia capitalista no es otra cosa
que la explotación de los obreros.Y esta explotación se produce
siempre, sin importar que los sueldos sean más altos o más bajos. Lo
original del enfoque radica en la aplicación del método dialéctico a la
economía política. Allí donde los economistas clásicos ven re-
180
LA AVENTURA DE PENSAR
laciones entre mercancías, Marx descubre relaciones sociales, es decir,
entre personas. El mismo valor de cambio de las diversas mercancías
deriva del tiempo de trabajo social necesario para producirlas. El uso del
dinero y la cuantificación del valor de los artículos sugieren lo que Marx
llama fetichismo de la mercancía, que consiste en adjudicar a las cosas
valores como si fuesen sus propiedades naturales, olvidando que toda
valorización se resuelve en las mutuas relaciones de los seres
humanos como productores y permutantes de bienes.
Esa falsa conciencia que no ve más que relaciones entre cosas
encuentra su particular expresión en la cosificación y venta de la
fuerza de trabajo. En este simple hecho de considerar la fuerza de
trabajo como una mercancía entre otras, que puede ser comprada y
vendida en el mercado, consiste precisamente la explotación capita-
lista. Al vender su fuerza de trabajo, el asalariado recibe a cambio una
cantidad de dinero igual al coste de su subsistencia y de otras nece-
sidades, que pueden variar históricamente. El propietario de los me-
dios de producción paga esa suma y adquiere el derecho de utilizar la
fuerza de trabajo del obrero, apropiándose del excedente del valor
creado. Si la mitad de la jornada de trabajo corresponde al valor de los
productos necesarios para reproducir la fuerza de trabajo, la otra mitad
es trabajo no remunerado que se apropia el empresario. Marx muestra
que la producción de la plusvalía en el capitalismo sólo es apropiación
de trabajo no pagado. Ese trabajo excedente no pagado se va
acumulando una y otra vez por la clase capitalista de forma expansiva.
De hecho, el capitalismo puede ser definido como un sistema en el
que el único objeto de la producción es aumentar sin límite tal
acumulación de capital. Aquí se encuentra precisamente la esencial
irracionalidad del sistema capitalista que Marx revela.
MARX Y LOS DERECHOS HUMANOS
Según Marx, los llamados derechos del hombre —con sus
reivindicaciones de libertad, igualdad, participación en el poder
político, et-
181
KARL MARX
cétera— no son verdaderamente sino derechos del burgués, dueño ya
de un Estado destinado a garantizar sus privilegios y deseoso ahora de
eternizar en un código inmutable los principios del librecambio. En la
sociedad burguesa, todos los hombres pierden sus perfiles sometidos a
la abstracción igualadora del dinero, pero no alcanzan la auténtica
realización de su ser genérico, sino que sencillamente se pliegan a las
exigencias del sistema capitalista. Lo que se presenta como un ideal
político inspirado por lo más noble de la naturaleza humana no es, en
el mejor de los casos, más que el repertorio de piadosos deseos y
buenas intenciones imposibles de cumplir en el Estado vigente o un
enmascaramiento sublimado de la situación real. Tal como lo explica
Carlos Eymar en su libro Karl Marx, crítico de los derechos humanos:
«La esfera de circulación o del intercambio de mercancías, dentro de
cuyos límites se mueve la compraventa de la fuerza del trabajo, era en
realidad el verdadero Edén de los derechos innatos del hombre. Lo
único que allí impera es libertad, igualdad, y propiedad. ¡Libertad!,
pues el comprador y el vendedor de una mercancía, por ejemplo, la
fuerza del trabajo, no están determinados más que por su Ubre
voluntad. Contratan como personas libres, jurídicamente iguales. El
contrato es el resultado final en el que sus voluntades se dan una
expresión jurídica común. ¡Igualdad!, pues sólo se relacionan entre
ellos como propietarios de mercancías, e intercambian equivalente por
equivalente. ¡Propiedad!, pues cada uno de los dos se interesa
exclusivamente por sí mismo. La única fuerza que los une y los pone
en relación es la de su egoísmo, su ventaja particular, sus intereses
privados».
3
EL CAPITAL, SU OBRA CUMBRE
El estudio sobre el capital, proyectado por Marx como
continuación de su Contribución a la crítica de la economía política,
publicada en 1859, se fue demorando por diferentes motivos. Por un
lado, Marx dedicó varios años a redactar un voluminoso análisis sobre
las diferentes teorías de la plusvalía. Por otro lado, en 1864 fue
elegido para formar
182
LA AVENTURA DE PENSAR
parte del Consejo General de la Asociación Internacional de los Tra-
bajadores, o, como luego se llamó, la Primera Internacional. Esta ac-
tividad le supuso enormes esfuerzos. De hecho, Marx fue el autor de
casi todos los documentos elaborados por ese organismo. Se opuso allí
a los anarquistas, sosteniendo la necesidad de que los obreros
adoptasen formas efectivas de acción, sin excluir la constitución de un
partido político. Finalmente, en 1867, bajo el título de El capital -
Crítica de la economía política. Libro primero, Marx publicó su
demorado análisis del proceso de producción capitalista. El texto tuvo
un éxito inmediato y arrollador, y pronto fue traducido a diferentes
idiomas.
A partir de 1869, Engels pudo asegurar a Marx una renta anual
fija para que pudiera despreocuparse del dinero. No obstante, su pre-
caria salud y las muertes de su esposa y su hija mayor ensombrecieron
sus últimos años. Falleció en Londres el 14 de marzo de 1883. Poco
antes, refiriéndose a quienes pretendían hablar en su nombre y
representar su pensamiento, como si éste fuese algo fijo y acabado,
había declarado a Engels: «Yo, desde luego, no soy marxista».
Los dos volúmenes siguientes de El capital habían sido terminados
por Marx en los años inmediatamente siguientes a la aparición del
primero, pero, sin embargo, siguió corrigiéndolos hasta su muerte.
Sería luego Engels quien los revisaría y publicaría postumamente. El
Libro segundo apareció en 1885 y el Libro tercero, en 1894.
TEOKÍA DE LA PRAXIS
Ya hace algunos años le decía a mi hijo Amador, en el libro
dedicado a la política, que los que siguieron el pensamiento de Marx
propusieron que el proletariado se convirtiera por la vía revolucionaria
de la guerra civil en la clase dominante, aboliera la propiedad capita-
lista e instaurara una economía comunista, en que la única dirección
estatal se encargase de planificar la producción y fijar las retribucio-
nes. En los países en los que se puso en práctica esa doctrina —em-
pezando por Rusia—, el resultado no pudo ser peor. El Estado cre-
183
KARL MARX
ció hasta convertirse en un superempresario capitalista de la especie
más tiránica, pero además sumamente ineficaz. En la Unión Soviética,
las libertades civiles que habían aportado las revoluciones burguesas
del siglo xvm se perdieron, pero la desigualdad continuó, más aguda
que nunca, porque era desigualdad de poder político. Antes un
trabajador podía ser despedido por un empresario intolerante pero
encontrar empleo con otro de la competencia. En el comunismo
autoritario todo el que no se somete al único patrón vigente sufre no
sólo el desempleo sino la cárcel o la eliminación física. La nueva clase
dirigente, el partido comunista, gozaba —goza aún, donde puede— de
todos los privilegios en países empobrecidos, uniformizados y
sometidos a un lavado de cerebro constante por los dictadores
ideológicos del sistema...
Sin embargo, no quiero dejar de mencionarte, le decía a Amador,
los aspectos positivos que tuvo el pensamiento marxista y el mo-
vimiento comunista en los países desarrollados europeos. Sirvió para
forzar una serie de reformas imprescindibles que humanizaron so-
cialmente el capitalismo, lo dignificaron políticamente y hasta lo hi-
cieron más eficaz como sistema productivo. En el Manifiesto comunis-
ta se encuentran, entre exabruptos mesiánicos menos aprovechables,
reivindicaciones sensatísimas para su época. La propiedad pública de
ferrocarriles y comunicaciones, el impuesto progresivo sobre la renta,
la abolición del trabajo infantil, la enseñanza gratuita y el pleno
empleo. Son objetivos en muchos casos hoy ya conseguidos o que si-
guen vigentes, pero ahora no como propuestas subversivas sino como
exigencias moderadas y razonables.
MARX COMO FUERZA HISTÓRICA
Evidentemente, no es un secreto el impacto que ha tenido la obra de
Marx en la historia. El marxismo no es simplemente una filosofía, sino a
la vez una fuerza social transformadora. Algunas veces también fue, y es
una coartada para movimientos totalitarios, autocráticos que con un
revestimiento ideológico proporcionado por Marx lo
184
LA AVENTURA DE PENSAR
que han descubierto e inventado son nuevas
tiranías burocráticas sobre
los pueblos. De cualquier manera, pocos
individuos han tenido una
influencia personal tan extraordinaria como
Marx en la historia. Y si
nos referimos exclusivamente a la historia
contemporánea yo creo que
ninguna otra figura puede comparársele. Su obra
ha sido discutida por
los economistas, así como por las repercusiones
prácticas que tuvo en
algunos países, donde ha habido desajustes
fundamentales. Marx
estaba convencido de que la verdadera
revolución sólo podía darse en
los países burgueses desarrollados y él
esperaba que ocurriera en
Inglaterra o en Alemania. Pero se desarrolló en la
atrasadísima Rusia,
donde no existía burguesía, sino un
campesinado gobernado por
aristócratas. Su obra se discutió y se discute
desde el punto de vista
teórico económico, y desde los efectos
históricos que han tenido en
algunos países y obviamente sobre la pérdida de
libertadas e incluso el
atraso en ocasiones de algunas sociedades que han querido seguir la
ortodoxia. Son las condiciones materiales
las que forman las
sociedades. Mientras el mundo esté dividido
entre poseedores y
desposeídos, entre los que pueden aprovecharse
de la necesidad ajena
y los que no tienen más remedio que hacer lo
que les manden si
quieren sobrevivir, mientras haya ese
planteamiento que no viene de
los cielos, sino que surge de la organización
de la sociedad, no se
puede decir que haya auténtica libertad. El
reto que plantea el
pensamiento niarxista, más allá de que sus
revoluciones sean mejores
o peores, sigue vigente hoy, un problema aún no
resuelto por nosotros
las personas, los ciudadanos del mundo.
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