lunes, 27 de agosto de 2012

MILTON OCHOA


la medida de todas las cosas”. Esta suerte de relativismo ha encontrado diversas críticas a lo largo de la historia en la medida que se
le acusa de reducir todo tipo de fenómenos a la mera interpretación
del hombre en determinada época y lugar. Un hecho que reforzaría
esta crítica podría ser
A.  el que a lo largo de la historia numerosas  ideas han sido  relevadas por otras más acordes con los hallazgos científicos de la
época.
B.  el que sobre un hecho determinado siempre suelen  haber  muchas opiniones.
C.  el descubrimiento  de leyes naturales a las que el hombre y el
universo entero se encuentran sujetos.
D.  que la experiencia es la fuente primaria del conocimiento.
2. Desde la perspectiva de Rousseau la libertad es un concepto íntimamente ligado a la dignidad del individuo, dignidad que se
ve coartada al momento de estar, éste, obligado a obedecer leyes,
puesto que el acatamiento de algo con lo que no se está de acuerdo
menoscaba la libertad y por tanto la dignidad; De ahí que para Rousseau la única manera mediante la cual se puede obedecer órdenes
sin un consiguiente sacrificio de la libertad y la dignidad es que aquellas leyes las dicte el mismo sujeto que habrá de cumplirlas. En el
texto anterior se hace referencia
A.  al principio de autogobierno.
B.  al derecho a la libertad de expresión.
C.  a la natural inclinación de los hombres hacia el mal.
D.  a la libertad como base para la felicidad.
3. Aristóteles es considerado en un amplio sentido “el padre de la
ciencia”en razón a las investigaciones científicas de que se da cuenta en sus numerosos tratados sobre biología, matemáticas, física,
astronomía; entre otras áreas del conocimiento. Por eso cuando el
científico y filosofo irlandés John Bernal afirma en su Historia Social
de la Ciencia: “La historia de la ciencia es, de hecho y con mucho, la
historia de los sucesivos derrumbes de Aristóteles, en un campo tras
otro” hace referencia
A.  a que las investigaciones de Aristóteles eran sumamente descuidadas.
B.  a una tendencia de Aristóteles hacia la mentira.
C.  al carácter histórico y auto-correctivo de la ciencia.
D.  a una ardua labor por parte de los científicos de hoy en día para
desmentir la obra aristotélica.
4.
 La famosa frase de Rene Descartes “pienso, luego existo”
como una afirmación de la existencia de la razón como demostración y acción primaria de la existencia, encuentra una tesis opuesta
en el planteamiento marxista que sostiene que el hombre antes que
nada debe garantizar su existencia material y como consecuencia
de ese proceso es que logra forjar todos los aspectos de lo que
puede ser su vida. En el texto anterior, puede entreverse la vieja
discusión entre
A.  empirismo y racionalismo, porque se plantea de un lado la razón
y del otro lado el contacto con la realidad.
B.  materialismo e idealismo, porque se indaga acerca de si el pensamiento está subordinado a la realidad o viceversa.
C.  socialismo y capitalismo, porque Marx es considerado el padre
del socialismo científico.
D.  racionalismo y existencialismo porque plantea de un lado la razón y del otro lado la existencia.
5. En contraposición a los valores tradicionales de la antigua Grecia –la fortaleza física, la riqueza, el poder, la fama-, Sócrates otorga más importancia a los bienes espirituales, al enriquecimiento del
alma, a la ciencia. De esta manera identificó a la ciencia o al saber
con la virtud; y la ignorancia con el vicio. Esta doctrina se ha llamado
“intelectualismo moral”, según la cual el saber permite obrar bien,
mientras que la ignorancia es el origen y causa de obrar mal. De lo
anterior se puede concluir que
A.  si alguien realiza una mala acción, lo hace porque es malo.
B.  si alguien realiza una mala acción lo hace por ignorancia.
C.  solo las buenas acciones están precedidas de buena voluntad.
D.  los hombres actúan mal porque la sociedad los corrompe.
6.
 “Dios ha muerto, hagamos que viva el superhombre”. Es un
tema que indirectamente ya aparecía en Lutero y en Hegel, aunque
significando un símbolo de superación de la muerte misma por la resurrección. En Nietzsche sólo implica la desaparición de Dios, puesto que considera a Dios la antítesis de la vida, la negación de la “inocencia del hombre”: «¡El concepto `Dios´, inventado como concepto
antitético de la vida - en ese concepto - concentrado, en horrorosa
unidad, todo lo nocivo, envenenador, difamador, la eterna hostilidad
a muerte contra la vida!» (Ecce Homo, p. 131). La afirmación que
contradice la idea principal del párrafo anterior es:
A.  Para Nietzsche la «muerte de Dios» significaba la destrucción
del cristianismo.
B.  El cristianismo es la doctrina que mejor expresaba la decadencia de la cultura.
C.  La filosofía occidental es una herencia de la filosofía y cultura
cristiana.
D.  El superhombre es la reencarnación de los valores tradicionales
del cristianismo.
7.
 La epistemología estudia las condiciones de surgimiento y desarrollo del conocimiento científico. De esto se infiere que la pregunta
fundamental de la epistemología, entre otras, es:
A.  ¿Cuál es el fundamento del ser?
B.  ¿Cuál es el ser de las cosas?
C.  ¿Cómo lograr conocimientos seguros?
D.  ¿Qué es conocer?
8. Para Kant, existe una marcada diferencia en algunos períodos de la historia de la filosofía, por ejemplo, la filosofía antigua
pregunta por el ser de las cosas, mientras que la filosofía moderna se centra en el problema del conocimiento. A partir de lo
anterior se puede afirmar que el principal objeto de estudio de la
filosofía antigua es
A.  lo racional.                  
B.  lo científico.
C.  lo ontológico.              
D.  lo teológico.
9. La siguiente caricatura refleja un planteamiento filosófico que
puede ubicarse en
A.  el positivismo
B.  el empirismo
C.  el marxismo
D.  el existencialismo
10.
 Para Sócrates el conocimiento fundamental, es el saber acerca
del hombre. La tarea más importante de cada uno es el cuidado del
alma, y la del político, hacer mejores a los ciudadanos. El saber que
defiende es, ante todo, moral o práctico y, además, universal. La
mejor forma de asumir este planteamiento para nuestras vidas es
A.  conocer para poder obrar bien.
B.  obrar bien para saber.
C.  actuar moralmente ante toda situación.
D.  aceptar que el conocimiento es un vicio.
11. Kant afirma que la ciencia esta formada por juicios sintéticos a
priori, pues poseen universalidad y necesidad, y ofrecen progreso al
conocimiento. De esta forma se concilian el racionalismo y el empirismo. Teniendo en cuenta este planteamiento la filosofía kantiana
se puede definir como
A.  metafísica.                  
B.  gnoseología.
C.  moral.                        
D.  axiología.
12.
 Los filósofos presocráticos son conocidos como filósofos de la
naturaleza, pues se preocuparon por cómo estaban hechas las cosas, cuál es el principio que se halla en el fondo de todos los sere
materiales y que permanece en ellos a pesar de los cambios o movimientos. Con esta visión del cosmos, estos filósofos buscaban
A.  una realidad inmaterial externa a toda materialidad existente.
B.  una realidad material que explique todo lo que es y no es.
C.  un principio que permanece en toda sustancia.
D.  un elemento vital que explicara todo principio vitalista.
13. La antropología de Heidegger podría cuestionar la antropología
de Kant que en su concepción de libertad fundamental en el deber
carece de
A.  una buena fundamentación racional.
B.  conciencia de la alteridad.
C.  verdaderas implicaciones éticas.
D.  una aplicación universal.
14. “Si bien el conocimiento comienza con la experiencia, no todo
procede de ella”. Con esta afirmación, se plantea que
A.  todo lo que hay en el  entendimiento  antes  ha  pasado  por  los
sentidos.
B.  el conocimiento surge  de fuentes desconocidas para el ser humano.
C.  en el momento de conocer somos como una hoja en blanco.
D.  el conocimiento es síntesis entre la sensibilidad y entendimiento.
15.
 Para los griegos la comedia tenia una función de desahogo social, además de representar un aspecto continuo y propio de la vida,
uno indisocialmente a la tragedia, porque
A.  le hacia al pueblo olvidar las preocupaciones cotidianas con un
poco de humos satírico.
B.  divertía al pueblo, en ausencia de otras expresiones de esparcimiento.
C.  integraba a la gente en la plaza pública y formaba la conciencia
ciudadana.
D.  era expresión de las inconformidades ante las contradicciones
de la vida.
16. El Empirismo sitúa la experiencia como origen, posibilidad y lí-
mite de todo nuestro conocimiento. Lo anterior significa que para
conocer es necesario
A.  la razón y el entendimiento.
B.  un sujeto racional.
C.  las ideas innatas.
D.  los sentidos y la observación.
17. A partir del texto anterior, se puede afirmar que
A.  para llegar al conocimiento del mundo, se debe saber si la virtud
se aprende o se adquiere por la práctica.
B.  según el método socrático, primero se debe indagar sobre la definición de virtud, para saber si la virtud se enseña o se adquiere
con la práctica.
C.  el método socrático, consiste en hacer tipos de preguntas sobre el
mismo tema o temas afines.
D.  es muy difícil saber si la virtud se aprende o se experimenta, porque existen muchas definiciones sobre lo que es la virtud.
18. De las siguientes frases, la que mejor expresa la importancia de
la pregunta socrática es:
A.  la pregunta socrática conduce a la claridad conceptual y al descubrimiento de relaciones existentes entre las cosas.
B.  aplicar la pregunta socrática permite tener experiencias con los
objetos que realmente existen.
C.  el hombre se plantea la pregunta socrática de manera intuitiva y
por esto debe enseñarse.
D.  la pregunta socrática conduce a la descripción de los objetos que
existen en el mundo.
19. Nietzsche en “El Nacimiento de la Tragedia” considera que el
pesimismo frente a la verdad, es un hecho que las culturas no pueden negar. Por lo tanto siguiendo a este autor, la única posibilidad
que tienen los hombres frente a esto es
A.  cultivar el arte.
B.  resignarse ante la realidad.
C.  fortalecer la ciencia.
D.  refugiarse en la religión.
20. Santo Tomás de Aquino propone al hombre como creado por
Dios; pero supera las concepciones dualistas medievales al afirmar
que el hombre es la unión sustancial de cuerpo y alma. Según lo
anterior este pensador defiende
A.  una radical separación del cuerpo y alma.
B.  la distinción, pero no la hostilidad entre cuerpo y alma.
C.  que el rasgo esencial del alma sensitiva es la voluntad.
D.  la unión accidental entre cuerpo y alma.

miércoles, 15 de agosto de 2012


AMBITO ESTÉTICO


1. Según Aristóteles “la poesía es más filosófica que la historia”. En efecto, la historia narra lo que ha sucedido. En
cambio, la poesía cuenta lo que siempre puede suceder; nos enseña a ver lo universal en el obrar humano y cómo la
filosofía expresa las inquietudes fundamentales del hombre. Esto significa que

A. la filosofía debería guiarse por la poesía
B. la poesía guarda en sí una perspectiva filosófica, porque se interroga por lo universal
C. la historia sólo es un recuento de hechos sin interrogarse sobre el significado del obrar
D. la historia debería hacerse más poética

2. Durante el Renacimiento italiano, los artistas concibieron órdenes ideales del hombre  y del mundo en  todos sus
aspectos. Con tal finalidad, utilizaron entre otras herramientas la matemática para estudiar las leyes de la perspectiva
en la representación del  mundo  y la anatomía para estudiar la construcción del cuerpo.  Por esta razón  se hicieron
reconocer como poseedores de la verdad al

A. presentarse como inspirados por los dioses
B. explorar todos los misterios de la Naturaleza y del hombre
C. orientarse predominantemente hacia el conocimiento científico
D. realizar el arte por propia iniciativa

3. El motivo central de la pintura de Caballero es el cuerpo. Para él, el cuerpo es todo, pues está cargado de todo lo
que es significativo. Sólo cuando dibuja un cuerpo se siente implicado de manera casi carnal, él pinta cuerpos para
sentir  el  propio  y  así,  en  el momento  de  pintarlos  todo  se  confunde  y  se  mezcla.  La  pintura  de  Caballero,  al  estar
cargada de tantas intensidades se aleja de lo meramente representativo, porque

A. las formas del cuerpo son plasmadas desde todos sus ángulos posibles
B. lo que le interesa a Caballero es plasmar sus emociones a todo nivel
C. el cuerpo pintado es el cuerpo propio sentido visceralmente
D. el cuerpo pintado es aquello que surge del conocimiento de la propia anatomía

4. Kant al hablar del juicio estético o juicio de gusto pone a la base del mismo al sentimiento. El sujeto se relaciona
con el mundo a través del placer que le permite sentirse vivo, sentirse en el mundo. Con la estética se desarrolla la
capacidad de compartir con el mundo, de interactuar con el mundo a través del sentimiento. Por esta razón la estética

A. se convierte en mediadora y posibilitadora de la relación hombre mundo
B. es ciencia de lo bello y permite al hombre refinar sus sentidos
C. se especializa en encontrar lo bello que hay en el mundo
D. habla de lo bello y refina la capacidad de juzgar eso bello del mundo

5.  Aristóteles  al  concebir  la  retórica  como  arte,  la  separa  de  la  lógica  y  de  la  dialéctica  pero  al  mismo  tiempo  la
entiende vinculada a ellas. Afirma que está basada  en principios lógicos  y dialécticos que  le permiten ser arte  y  la
señala como dominio específico no de lo verdadero sino de lo verosímil, de suerte que el orador debe sostener el pro
y el contra. Esta concepción de la retórica se explica, porque

1. la retórica requiere de la referencia específica a una vasta cultura filosófica
2. el orador posee un razonamiento que lleva de la retórica hacia la dialéctica
3. Aristóteles establece una distinción entre razonamiento dialéctico y razonamiento de mostrativo
4. la retórica se centra en el estudio de los temas del discurso y de los medios lógicos de persuasión

6.  En  la  Grecia  clásica,  cuando  alguien  calificaba  algo  de  bello,  Sócrates  buscaba  precisión  sobre  la  definición  de
belleza de su interlocutor. Aunque el interlocutor solía poner ejemplos que ilustraran el concepto de belleza a Sócrates
le interesaba llegar al significado de lo "bello", a la esencia o forma de la belleza, a aquello que tenían en común todas
las cosas que llamamos bellas. De lo anterior se deduce que para Sócrates

A. la belleza de un objeto se relaciona con la esencia del mismo
B. el concepto de belleza es relativo porque se aplica a todo objeto sin excepción
C. los hombres atribuyen calificativos a los objetos sin conocer su significado
D. es el observador quien define la belleza de un objeto

7. Para Schopenhauer la más perfecta de las formas de arte es la música, en particular la música instrumental en la
cual se encuentra plasmada de manera perfecta la representación de la naturaleza, de manera que los tonos bajos
son la representación de las formas inferiores de vida y los tonos altos las formas más perfectas. De esta forma la
música cobra un especial sentido para el reconocimiento mismo de la vida, porque

A.  la música instrumental es manifestación exacta de la voluntad de vivir
B.  expresa la superioridad del hombre
C.   se escapa a los límites de la palabra
D.   Schopenhauer era amante de la música sinfónica instrumental  8. Schelling muestra cómo a través del arte se pone al descubierto el interior del filósofo, mostrando que en el arte y
en las creaciones artísticas tienen su encuentro la naturaleza y el espíritu, la ley y la libertad, el cuerpo y el alma, y
que el filósofo se descubre en el arte cuando

A. reconoce en lo bello la infinitud propia del alma
B. su obra lo lleva a la liberación total y a la participación de lo que traspasa los límites
C. se reconoce como creador de una obra que se constituye en símbolo del infinito
D. hace descender lo infinito a la finitud a través del símbolo

9. Para Descartes, la certeza en el conocimiento era fundamental, razón por la cual sometió al análisis de la razón no
sólo a la filosofía, ala lógica, a la física y a la psicología, sino también al arte. Por lo tanto, se puede afirmar que para
Descartes

1. el arte debía cumplir con las pruebas de la razón para demostrar su verdad
2. era necesario un análisis del arte para ver si su contenido era verdadero y esencial
3. los principios del arte eran absolutamente racionales e inamovibles
4. se debía realizar una crítica del arte para saber si era ciencia

10. En el siglo XVIII el "gusto " se convirtió en algo digno de atención y de preocupación pues se temía que el arte
quedara reducido a la simple opinión basada en lo ofrecido inmediata y exclusivamente por los sentidos y que por lo
tanto,  se  hiciera  imposible  emitir  cualquier  juicio  objetivo  sobre  ella.  De  esta  forma,  una  de  las  salidas  que  ellos
consideraron para esta cuestión fue

1. guiarse por los mismos principios de la física
2. buscar fundamentos racionales en el «gusto»
3. aclarar que el «gusto» es más que el simple sentido común
4. desechar del arte aquello que implique la individualidad humana

11. Algunos afirman que en los siglos XVII y XVIII, se creía que el arte y la estética gozaban de una condición interna
similar a la de la naturaleza, porque

1. el arte es imitación de la naturaleza y por lo tanto, se rige por leyes similares
2. las leyes de la estética también se subordinan a un único principio que es el de la imitación
3. el arte es obra humana y por lo tanto, se rige por los mismos principios que rigen la ciencia
4. para poder plasmar la complejidad de la naturaleza, es necesario conocer sus leyes

12. Según Hegel, el estudio de lo bello como objeto del arte es un estudio independiente del estudio de la naturaleza.
La creación artística no puede estudiarse como una rama de la ciencia natural. En otras palabras, la belleza artística
es independiente de la belleza en la naturaleza. De acuerdo con lo anterior, Hegel critica

A. la concepción según la cual el estudio del arte y el estudio de la naturaleza son independientes
B. todo intento de separar la estética de la ciencia natural
C. toda concepción que subordine el arte al estudio de la naturaleza
D. la concepción de belleza en el arte como algo independiente de lo bello natural

13. Para Marcuse, el lenguaje del arte busca transformar experiencias cotidianas mediante la representación que el
artista hace de su entorno. Así, el arte rompe con la concepción de la realidad y crea sus propios códigos, y, por ende,
su propia realidad. A partir de lo anterior, puede decirse que para Marcuse el lenguaje del arte

A. es un lenguaje autónomo, independiente de todo lenguaje que pretenda describir la realidad
B. es un lenguaje que depende de las formas tradicionales de entender la historia
C. el lenguaje del arte y el de la realidad son una sola cosa, razón por la cual el arte refleja la realidad
D. el arte tiene un lenguaje que depende de la concepción que se tenga de la realidad

14. Karl Philipp Moritz escribió en 1785 que lo bello tiene una finalidad interna que consiste en provocar placer por su
perfección. Esto quiere decir, que del mismo modo como a la técnica le corresponde una finalidad externa que es la
utilidad, las bellas artes tienen como objetivo último el placer. Según lo anterior

A. una obra de arte es perfecta cuando se percibe su imagen real
B. la contemplación de la belleza provoca un gozo profundo
C. se halla gozo tanto en lo bello como en lo útil
D. el arte viene dado por la imitación de la naturaleza que le sirve al hombre

15. Anthony Ashley Cooper, un representante de la estética empirista del siglo XVIII, considera que el artista tiene la
capacidad de penetrar en el ser más profundo de las cosas con el fin de plasmar su esencia en una obra artística. De
esta manera, lo bello sólo es percibido por el artista cuya alma entra en comunión con el espíritu del mundo. De lo
anterior se deduce que

A. la producción artística se basa en una verdad que va más allá de la sensibilidad
B. el autor reconoce el carácter objetivo y cognitivo de la experiencia de la belleza
C. la belleza es una idea falsa que nace de la relación con la naturaleza
D. para el artista es imposible ir más allá de la superficie sensible de las cosas  
16. Lessing, filósofo alemán perteneciente al siglo XVIII, considera que las obras de arte son aquellas en las cuales el
artista se ha podido manifestar como tal, es decir, aquellas en las que la belleza ha sido para él su primera y última
intención. Todas las demás obras en las que se perciben huellas claras de convenciones religiosas no merecen este
nombre porque en ellas el arte ha trabajado como auxiliar de la religión. De lo anterior se deduce que

1. la práctica artística es posible cuando sólo se valoran cualidades individuales
2. el esteta debe trabajar sólo en virtud de sí mismo y de nada o nadie más
3. la representación de los objetos es fiel y subordinada a los objetos mismos
4. el autor rechaza la producción artística inspirada en la divinidad

17. En el pensamiento de Kierkegaard, la existencia se determina en el reconocimiento de tres estadios, a saber, el
estético,  el  ético  y  el  religioso.  Lo  estético  se  refiere  al  estadio  más  bajo  de  los  que  pueden  reconocerse  en  la
existencia, pues está totalmente alejado del estadio religioso o de la entrega. En el estadio estético, los hombres no
viven más que por el placer y por saciar su instinto. Por lo tanto, el seductor no es un hombre superior, ya que

A. toda su existencia gira en torno de lo que es aparente
B. la grandeza se da solamente en el movimiento de renuncia
C. el instinto cohíbe su desarrollo y le determina vitalmente
D. sólo puede reconocerse en lo que es puramente placentero

18. La estética nietzscheana tiene como particularidad una fascinación por la música. Por esta razón, se remite hasta
el culto de los griegos a Apolo y Dionisio. Nietzsche encuentra que en la tragedia se relacionan tanto el coro apolíneo
como la danza y arrebato jubiloso de lo dionisíaco. Desde este seguimiento del arte griego por parte de Nietzsche,
podemos afirmar que

A. la música a la que se refiere Nietzsche es el redescubrimiento de la tragedia griega en su esplendor
B. las artes, a los ojos de Nietzsche, han de recuperar la noción de belleza del arte hecho en Grecia
C. la forma en la que el artista ha de trabajar su arte es la revaloración del arte de la antigüedad
D. Nietzsche se declara admirador de la belleza presente en el arte de los griegos que aún se conserva

19.  Para  Sartre,  la  libertad  humana  es  la  facultad  de  hacer  lo  que  uno  quiera  sin  ninguna  limitación.  La  libertad
formalmente  no  tiene  ningún  contenido  determinante,  no  está  sometida  a  ninguna  necesidad  o  ley.  Sin  embargo,
Sartre afirma que la libertad es una condena, porque

A. la única forma de limitarla es haciendo una consideración formal de la norma
B. exige del hombre madurez frente a la forma en la que elige su modo de actuar
C. ella lleva la moralidad al establecimiento de los límites
D. es la necesidad de la autodeterminación y de la responsabilidad para actuar

20. La raíz griega “ethos” (de la cual proviene la palabra “ética”) y la palabra latina “mores” ( de la cual se origina el
término  “moral”),  se  relacionan  con  las  costumbres  humanas.  Sin  embargo,  debemos  aclarar  que  con  ello  no  se
precisa lo específico de la ética como disciplina filosófica y su diferencia con la moral. De esta forma, es importante
distinguir adecuadamente la Ética de la moral, porque

A. aunque la ética y la moral se ocupan de lo mismo, persiguen objetivos distintos
B. la moral hace parte de la reflexión Psicológica
C. la moral está dentro del campo de las decisiones individuales y la ética de las universales
D. tanto la ética como la moral se desarrollan en la historia humana

21. Aristóteles en su Ética nos enseña que la suma felicidad radica en la virtud, la cual consiste en vivir conforme a la
naturaleza humana. Las virtudes morales, que perfeccionan la voluntad, consisten en guardar el justo medio entre dos
extremos viciosos. Estas virtudes se adquieren por la práctica, así como los vicios. Aristóteles aplica estos postulados
éticos cuando plantea que

A. la valentía es la virtud entre la cobardía y la temeridad
B. la sociedad y su gobierno son instituciones naturales y no artificiales
C. el fundamento de la ley debe ser la naturaleza del hombre
D. las formas de gobierno deben buscar el bien del pueblo

22. Wittgenstein nos habla en algunos de sus trabajos acerca de la mística, que es el espacio de lo que está más allá
de lo que las palabras pueden expresar. Es en la mística en la que se encuentra el espacio de cercanía entre la ética y
la estética. Lo bello es lo que hace feliz, la vida feliz es buena y la infeliz es mala. Por lo tanto

A. solamente el hombre que alcanza la experiencia mística puede decirse un hombre feliz
B. cada hombre al momento que entra en contacto con la estética modera sus juicios
C. los hombres deben acercarse más a comportamientos reconocidos como responsables
D. las actuaciones éticas de los hombres están íntimamente ligadas con el placer estético

23.  Frente  a  la  figura  del  bailarín  clásico,  que  en  el  salto  se  juega  completamente  su  postura,  imagen  con  la  que
Kierkegaard ilustra a los existentes que se enfrentan al abismo, Nietzsche propone al bailarín del júbilo y la algarabía,
que representa el desorden y arrebato de la fiesta dionisiaca. En ambos pensadores la noción del baile ilustra  
1. el salto, el ritmo, la locura, el florecimiento de la existencia y del existente
2. el desenvolvimiento de la existencia, entendida ésta como movimiento constante
3. respectivamente, el orden y el desorden como polos en los que se desenvuelve la tensión del existir
4. la representación del existente y del movimiento de la vida misma

24. Si bien Adorno afirma el carácter revolucionario del arte, también niega que el arte pueda actuar por la fuerza en el
cambio social.  Adorno opina que el arte actúa de un modo más sutil, pues combate la violencia dando  ejemplo de
delicadeza, inteligencia  y sensibilidad en la construcción de sus objetos artísticos. De acuerdo con esto, es posible
pensar que en una obra de arte autentica es aquella que

A.  invita a la gente a una acción revolucionaria capaz de derrocar al gobierno
B.  estimula la reflexión y la capacidad de comprensión de los espectadores
C.  introduce en el público ideas tendientes al reforzamiento del sistema económico vigente.
D.  suscita estados de animo que se oponen a cualquier forma de brutalidad y de fanatismo

25. Para Nietzsche, la belleza no se define sólo por la armonía formal de una obra de arte, sino también por el efecto
benéfico  que  ejerce  sobre  la  constitución  física  de  quien  contempla  esa  obra.  Esto  significa  que  cuando  alguien
contempla un objeto bello su sensación de bienestar físico se incrementa, mientras que si contempla un objeto feo su
sensación de bienestar físico disminuye. De lo anterior se deduce que las obras de arte

A.  encuentran su concepto en la armonía que integra sus elementos
B.  tienen un componente espiritual y uno sensorial que actúan simultáneamente
C.  mantienen la calidad de vida de los artistas contemplativos
D.  crean un espacio de bienestar material determinado por su valor económico

26. La estética, en el sentido de discurso filosófico aplicado al arte y a sus relaciones con el bien y el mal, es decir,
aplicado a su finalidad, se remonta a Platón. Pero gracia a Croce, tiende a desarrollarse como disciplina autónoma. De
lo anterior podemos deducir que la estética como discurso filosófico ha evoluciona, porque

A.  el arte ha sido abordado desde diferentes corrientes filosóficas
B.  sus problemas han sido separados de otras problemáticas filosóficas
C.  el pensamiento filosófico hace referencia a los tratados estéticos
D.  la estética como finalidad ha buscado encontrar el sentido de la vida

27. En la Apología, Platón afirma que el poeta es un  “inspirado¨, escribe bajo la influencia del “entusiasmo¨ cuando un
dios habita en él, sin esa inspiración es incapaz de encontrar los bellos acentos que tanto conmueven al auditorio. Los
poetas  en  ocasiones,  inspirados  por  un  dios  destilan  en  sus  obras  sabiduría,  sin  que  sus  autores,  simples
amanuenses  del dios, lo hayan poseído. De acuerdo con lo anterior se puede entender que

A.  la  poesía  y  la  retórica  al  ser  juzgadas  en  el  terreno  de  lo  ético  y  lo  moral  carecen  de  utilidad  para  el
hombre
B.  lo admirable de la poesía sólo esta en himnos a dioses, en elogios a grandes hombres y en odas y cantos
heroicos
C.  los oyentes se equivocan, si reconocen al poeta como sabio porque el saber es propiedad de la divinidad
D.  la verdadera sabiduría y belleza se encuentra en una realidad suprema ajena a cualquier manifestación
humana

28.  Giordano  Bruno  sostiene  que  lo  que  se  entiende  por  bello  depende  de  la  apreciación  particular  del  individuo.
Incluso sus valoraciones estéticas pueden variar según los cambios de su estado anímico. De lo anterior se deduce
que

A. la psicología demuestra la imposibilidad del arte y la inexistencia de la belleza.
B. lo bello carece de una significación única válida para todos los seres humanos.
C. la psicología puede definir la belleza a partir del análisis del individuo.
D. lo que se conoce como belleza es simplemente un estado psicológico.

29. Para Adorno, las creaciones artísticas son importantes en la medida en que le abren los ojos a las personas y les
hacen ver aspectos de la realidad a los que nunca habían puesto atención. Asimismo, Adorno considera que las obras
son revolucionarias porque cuestionan al sujeto y le hacen reconocer la
situación de esclavitud disfrazada en la que se encuentra al interior de las relaciones económicas capitalistas. Esta teoría estética es justa con las obras de arte, ya que reconoce que ellas no son únicamente una fuente de placer sino que son también y ante todo

1. medios comunicativos diseñados para enseñar y entretener al mismo tiempo.
2. herramientas que pueden contribuir en el desarrollo hacia una sociedad más equitativa.
3. creaciones que amplían el horizonte de posibilidades vitales de las personas.
4. objetos que refuerzan la rentabilidad de las relaciones de intercambio en el capitalismo.

domingo, 12 de agosto de 2012


20
Bertrand Russell, filósofo y activista social



Bertrand  Russell  fue  una  de  las  figuras  más  destacadas  y
conocidas  del  siglo  xx.  No  sólo  como  filósofo,  sino  también  como
activista de causas  políticas. Fue  uno de los  personajes  de  mayor
proyección  pública  que  ha dado este ámbito  más bien  marginal  de la
filosofía.  Bertrand  ArthurWilliam  Russell,  tercer  conde  de  Russell  y
vizconde  de  Amberlit,  nació  en  Gales,  Gran  Bretaña,  en  1872.  Fue
nieto de uno de los grandes ministros de la reina Victoria.
1
 Pese a su
origen  aristocrático,  cultivó  una  personalidad  cercana  a  los  problemas
sociales  de  la  época.  Desde  un  principio  se  sintió  motivado  a
intervenir  y  a  mostrar  su  punto  de  vista  frente  a  una  serie  de
problemáticas,  como,  por  ejemplo,  la  de  las  guerras.  Su  oposición  a  la
Primera  Guerra  Mundial  hizo  que  pasara  una  temporada  en  la  cárcel.
Tampoco  tuvo  problemas  en  sentarse en  medio  de  la  calzada,  junto  a
jóvenes  rebeldes,  para  condenar  la  participación  de  Estados  Unidos
enVietnam,  o  contra  la  proliferación  de  armas  nucleares.  A  pesar  de
esta  actividad  pública,  su  obra  específicamente  filosófica,  centrada  en
el estudio de las matemáticas, no es fácil y sencilla de entender. Junto
con  Alfred  North  Whitehead,
2
  otra  de  las  grandes  figuras  del
pensamiento  anglosajón  de  la  época,  escribió  un  libro  llamado
Principia  mathematica,  que  trata  de  establecer  los  principios  lógicos
de todo el conocimiento  matemático. Esos  trabajos, junto a sus
reflexiones  sobre el  atomismo  lógico,  y  los  principios  mismos  de  una
filosofía  realmente  científica  y  no  idealizante,  son  para  consumo  de  

238

LA AVENTURA DE PENSAR

UNA EDUCACIÓN ARISTOCRÁTICA
Tuve  contacto  por  primera  vez  con  Russell  a  través  de  su  libro  La
sabiduría  de  Occidente,  un  resumen  con  numerosas  ilustraciones  de  su
Historia  de  la  filosofía  occidental  que  me  regalaron  mis  padres  en  los
últimos  cursos  de  bachillerato.  En  esa  obra  aprendí  una  serie  de  nom-
bres prestigiosos —como Spinoza, Wittgenstein o Heidegger— y
perdí  el  miedo  a  los  razonamientos  de  los  grandes  teóricos,  no  porque
fuese  capaz  de  comprenderlos  plenamente,  sino  porque  el  grato  estilo
de  Russell  me  hizo  suponer  que  no  me  estaban  del  todo  vedados.  En
lugar  de  comenzar  por  un  libro  que  me  expulsara  de  la  filosofía,  como
habrían  conseguido  tantos,  me  inicié  con  uno  que  me  acogió  a  ella
sonriendo  maliciosamente.  Eso  es  algo  por  lo  cual  uno  siempre  puede
estar agradecido.
Bertrand  Russell  perdió  muy  tempranamente  a  sus  padres,  quienes
habían  expresado  el  deseo  de  que  en  caso  de  su  fallecimiento  el  joven
Bertrand  y  sus  hermanos  fuesen  educados  por  algunos  amigos  de  la
familia,  entre  ellos  el  filósofo  John  Stuart  Mili,
3
  o  sus  descendientes.
Fue,  sin  embargo,  la  abuela  de  Bertrand  la  que  se  hizo  cargo  y  tuvo
una  gran  influencia  durante  toda  su  infancia.  Russell  no  fue  enviado  a
colegios,  sino  que  recibió  instrucción  de  preceptores  e  institutrices,
principalmente  francesas  y  alemanas,  de  modo  que  en  su  adolescencia
ya  hablaba  con  fluidez  esos  dos  idiomas.  A  los  once  años  se  sintió
impactado  por  los  principios  de  geometría  de  Euclides,
4
  y  a  partir  de
entonces  mostró  una  gran  inclinación  por  las  matemáticas  y  la  lógica.
A  los  dieciocho  años  ingresó  en  la  Universidad  de  Cambridge  para
estudiar  ciencias  formales.  En  aquella  época  Cambridge  estaba  bajo  la
influencia  de  la  filosofía  hegeliana.  En  un  principio,  Russell  aceptó
esta  tradición,  pero  a  partir  de  1898  comenzó  a  reaccionar  en  contra,
en  principio  porque  ese  pensamiento  no  le  permitía  avanzar  en  la
fundamentación  de  las  matemáticas,  cuestión  que  estaba  entre  sus  más
urgentes  inquietudes  intelectuales.  Por  otra  parte,  tomó  conciencia  de
que  una  perspectiva  idealista  y  monista  era  contraria  a  la  creencia  del
sentido  común  de  que  el  mundo  está  compuesto  por  múltiples
individuos separados y a la vez relaciona-

239

BERTRAND RUSSELL
dos  entre  sí.  En  su  cruzada  antiidealista,  Russell  encontró  un  aliado
incondicional  y  un  amigo  fiel  en  su  condiscípulo  George  Edward
Moore,
5
  autor  de  varios  libros  importantes,  entre  los  que  cabe  men-
cionar  Defensa  del  sentido  común  y  Principia  ethica.  En  su  reacción
contra  el  idealismo,  Russell  y  Moore  cayeron,  como  ellos  mismos  des-
pués  reconocieron,  en  el  opuesto,  es  decir,  en  un  realismo  extremo.
Gran  parte  de  la  filosofía  madura  de  Russell  cuestionará  esa  posición.
En  1900,  Russell  publicó  Exposición  crítica  de  la  filosofía  de  Leibniz,
donde  afirmó  que  la  metafísica  occidental,  basada  en  las  categorías  de
sustancia  y  atributo  no  era  más  que  un  reflejo,  en  cierto  sentido
implícito,  de  la  estructura  proposicional  con  su  sujeto  y  su  predicado.
Este   descubrimiento   alentaría   sus   posteriores   investigaciones
filosóficas.  En  1903  publicó  Los  principios  de  la  matemática.  En  los
años  siguientes,  como  ya  he  dicho,  acometió,  junto  con  Whitehead,  el
intento  de  fundar  sistemáticamente  la  matemática  pura  a  partir  de  la
lógica.  El  resultado  fueron  tres  volúmenes  publicados  entre  1910  y
1913  bajo  el  título  Principia  mathematica.  Esta  obra  fue  el  origen  de
la  matemática  moderna,  junto  con  la  de  otros  investigadores  como
George  Boole,
6
  Giuseppe  Peano,
7
  David  Hilbert
8
  y  Gottlob  Frege,
9
de
quien  estudió  su  obra,  todavía  revolucionaria  y  muy  poco  conocida  en
aquel  momento,  a  comienzos  de  siglo  xx.  Frege  proponía  una
posibilidad    de    comprensión    de    las    matemáticas    convirtiendo    los
números  en  clases.  Cada  uno  de  los  números  sería  una  clase  de  obje-
tos, es decir, de 5, 6, 8,10, o de lo que fuese.Y a partir de esa des-
cripción  por  clase  convertía  a  la  matemática  en  una  gran  estructura
lógica.  Pero  Russell  descubrió  una  contradicción,  una  dificultad  in-
salvable,  que  se  remontaba  casi  a  los  comienzos  de  la  filosofía  cuando
se  conoció  el  célebre  dilema  de  Epiménides.  Nacido  en  Creta,
Epiménides  decía:  todos  los  cretenses  son  mentirosos.  Si  decía  la  ver-
dad  —todos  los  cretenses  son  mentirosos—  estaba  contradiciéndose
porque  él  mismo  era  un  cretense.  Si  estaba  diciendo  una  mentira,  en-
tonces  no  era  cierto  que  todos  los  cretenses  fuesen  mentirosos.  De
donde  se  deduce  —y  éste  es  el  tema  de  la  paradoja—  que  tanto  si  es-
taba  mintiendo  como  si  no  lo  hacía,  no  era  cierto  que  todos  los  cre-
tenses fueran mentirosos. Esta paradoja del mentiroso muestra un  

240

LA AVENTURA DE PENSAR
problema  que  también  se  aprecia  en  la  lógica  de  clases.  Según  parece,
hay clases de objetos que se contienen a sí mismos, por ejemplo la
clase de todas las clases a su vez es una clase. Pero, en cambio, hay
otras clases que no se contienen a sí mismas.  Las clases de todos los
perros  no  es  un  perro,  por  ejemplo.  Entonces,  dice  Russell, esto  en-
cierra  una  contradicción  semejante  a  la  de  Epiménides,  porque  si
considero la clase de todas las clases que no se contienen a sí mismas,
encuentro que esta clase o bien se contiene a sí misma y entonces
contradice  su  propia  constitución  (porque  esa  clase  sólo  ha  de  estar
constituida por clases que no se contengan a sí mismas), o bien no se
contiene  a  sí  misma  y  entonces  también  contradice  su  constitución
(porque esa clase debe incluir a todas las clases que no se contienen a
sí  mismas).  De  modo  que  en  ambos  casos  de  alguna  forma  también  se
cae en la paradoja del cretense. Este dilema le llevó a Russell a es-
tudiar  y  a  proponer  la  posibilidad  de  una  teoría  de  los  tipos  lógicos,
que  permite  percibir  con  claridad  que  el  problema  surge  del  plan-
teamiento mismo y no de algún dato más o menos ambiguo o falso. Lo
que viene a decir esa teoría de los tipos lógicos es que ninguna clase
puede  ser  miembro  de  sí  misma,  porque  los  constituyentes  de  una
clase son  de  un tipo  lógico inferior  a la  clase.  En  consecuencia, la
clase de todas las clases es una clase, sí, pero de otro tipo que las
clases  que  la  integran,  y  no  puede  confundirse  o  mezclarse con  ellas.
Russell  complementó  esta  teoría  con  la  de  las  descripciones,  que  tiene
que ver con el tipo de problemas en los que la forma gramatical de una
proposición  produce  confusión  respecto  de  su  sentido.  Por  ejemplo,
atribuyendo  predicados  a  una  entidad  inexistente,  como  cuando  digo
«El  actual  rey  de  Francia  es  calvo»,  enunciado  significativo  pero  falso,
pues según la teoría de las descripciones puede analizarse así: «Existe
un x tal que x es rey de Francia y x es calvo», y resulta obvio que
ningún  x  cumple  actualmente  la  primera  condición.  Dicho  de  otro
modo:  la  forma  gramatical  es  engañosa  y  sugiere  que  «El  actual  rey  de
Francia» es el sujeto del cual se predica la circunstancia de ser calvo,
pero en realidad el sujeto es x, de quien se predican tanto el ser rey de
Francia como ser calvo. Por lo tanto, la teoría de las descripciones y la
teoría de los tipos lógicos surgen ante dife-

241

BERTRAND RUSSELL
rentes  problemas  y  tienen  aplicaciones  también  diferentes,  pero  sin
embargo  convergentes.  En  ambos  casos,  resulta  evidente  que  las
paradojas  surgen  de  la  naturaleza  confusa  del  lenguaje  cotidiano  y
desaparecen si ese lenguaje ordinario se traduce lógicamente.


UNA ACTIVIDAD INCANSABLE

En  los  años  previos  a  la  Gran  Guerra,  Russell  publicó  varios
libros importantes, entre ellos Los problemas de la filosofía y Nuestro
conocimiento  del  mundo  exterior.  En  estas  obras  fundó  la  corriente
filosófica  llamada empirismo lógico. A pesar  de  ser un  aristócrata y un
intelectual  destacado,  no  dudó  en  defender  una  posición  radicalmente
pacifista  ante  la  Primera  Guerra  Mundial,  lo  que  le  valió  conocer  las
cárceles  de  Su  Graciosa  Majestad.  Mientras  estuvo  en  prisión  escribió
su  Introducción  a  la  filosofa  matemática.  Finalizado  el  conflicto  bé-
lico,  visitó  la  Unión  Soviética  y  China,  presentando  luego  sus  obser-
vaciones  y  críticas  en  sendos  libros.  Por  esos  años  publicó  también  su
Análisis de la mente, obra en la que propuso que así como hay una
causalidad  eficiente,  propia  de  los  fenómenos  físicos,  hay  también  una
causalidad mnémica, característica de los fenómenos mentales.
Después  de  la  Primera  Guerra  Mundial,  la  lectura  y  discusión  de
la  obra  Tractatus  logico-philosophicus  de  su  ex  alumno  y  colega,
Ludwig  Wittgenstein,  llevó  a  Russell  a  reformular  su  filosofía  como
«atomismo  lógico».  Esta  denominación  expresa  la  posición  metafísica
de Russell, según  la cual la realidad está compuesta de hechos  ya no
ulteriormente  analizables  y  que  corresponden  a  los  datos  sensoriales
puros  y a  propiedades de dichos datos sensoriales,  los cuales se rela-
cionan lógicamente.
Bertrand  Russell  tuvo,  en  varios  campos,  opiniones  que  resultaron
provocadoras  en  su  época,  y  probablemente  hoy  nos  parezcan  casi
ingenuas, ante la evolución de los tiempos y las costumbres. En la
educación,  por  ejemplo,  fundó  una  especie  de  escuela  libérrima  en  la
que los niños no eran sometidos a ningún tipo de coacción dis-
ciplinaria, y en la que se intentaba utilizar la espontaneidad de los  

242

LA AVENTURA DE PENSAR
alumnos,  incluso  hasta  extremos  grotescos  en  algunas  ocasiones.  En
materia  de  educación  religiosa  y  moral,  Russell  decía:  «No  puedo
aceptar ese punto de vista de los políticos que, incluso si no hay Dios,
consideran deseable que  la  mayoría  de  la gente sea  creyente  porque  tal
creencia  anima  a  una  conducta  virtuosa».  Para  el  pensador  gales,  en  lo
referido  a  los  niños:  «Muchos  librepensadores  adoptan  esa  actitud:
¿cómo puede uno enseñar a  los niños a  ser buenos, preguntan, si no se
les enseña religión? ¿Y cómo les vamos a enseñar a ser buenos,
respondo  yo,  si  habitual  y  deliberadamente  se  les  miente  acerca  de  un
asunto  de  la  mayor  importancia?  ¿Y  cómo  puede  ninguna  conducta
genuinamente  deseable  necesitar  creencias  falsas  como  motivo?  Si  no
tenéis  argumentos  válidos  a  favor  de  lo  que  consideráis  "buena"
conducta,  lo  que  falla  es  vuestra  concepción de  lo  bueno.Y  en
cualquier  caso,  suele  ser  la  autoridad  paterna  más  que  la  religión  lo
que influye en la conducta de los niños».  Para Russell, lo que la
religión  consigue  proporcionar a  los  niños,  en  la  mayoría de  los  casos,
son  ciertas  emociones,  no  directamente  ligadas  a  las  acciones  y  a
menudo  poco  deseables.  Según  Russell,  esas  emociones  indi-
rectamente  «tienen  efectos  sobre  la  conducta,  aunque  en  absoluto  los
efectos  que  los  educadores  religiosos  aseguran  desear...  Hasta  donde
yo recuerdo, no hay ni una palabra en los Evangelios en elogio de la
inteligencia;  y  en  este  aspecto  los  ministros  de  la  religión  siguen  la
autoridad  evangélica  mucho  más  de  cerca  que  en  otros  casos.  Debe
reconocerse que esto es un serio defecto de la ética que se enseña en
los centros educativos cristianos».
Por  otra  parte,  fue  un  decidido  partidario  de  lo  que  llamaríamos
hoy  la  liberación  sexual.  Tiene  una  obra  célebre  sobre  estas  cuestiones
titulada  Matrimonio  y  moral.  Russell  planteaba  que  lo  que  dos  per-
sonas  hicieran  de  mutuo  consenso  y  que  les  pareciera  placentero  es-
taba  bien,  y  que  lo  que  hicieran  —fuese  lo  que  fuese—  para  ser  felices
debía  ser  respetado,  siempre  que  no  dañara  a  terceros.  Esto  incluía
optar  por  relaciones  que  no  se  ajustaran  a  la  tradicional  institución
matrimonial,  o  experimentar  diversas  variantes.  Esto,  unido  a  que
Russell  se  casó  varias  veces  en  su  vida  y  tuvo  fama  de  mujeriego  —
fueron conocidos sus amoríos con esposas de colegas y de im-

243

BERTRAND RUSSELL
portantes  aristócratas  y  políticos,  así  como  con  numerosas  y  efímeras
jovencitas  deslumbradas  por  su  fama  y  su  intelecto—,  lo  dotaba  de  un
perfil  verdaderamente  terrible.  En  una  ocasión  cuando  quiso  ir  a  dar
clases  a  la  Universidad  de  Nueva  York,  las  autoridades  tras  un  célebre
proceso  le  negaron  el  permiso  y  lo  rechazaron  como  profesor  porque,
aseguraban,  era  una  mala  influencia  y  podía  corromper  a  la  juventud.
Russell,  además,  fue  uno  de  los  pocos  pensadores  que  se  han  atrevido
a  escribir  directamente  en  contra  de  las  creencias  religiosas,
explicitando  su  pensamiento  en  sus  obras.  Una  de  ellas  tiene  un  título
que  lo  dice  todo,  Por  qué  no  soy  cristiano.  Ese  título,  que  es  casi  más
conocido  que  la  obra  misma,  dio  lugar  también  a  una  enorme  cantidad
de  debates  y  de  enfrentamientos,  porque  algunos  consideraban  que  se
había  ido  muy  lejos,  que  se  estaba  atacando  las  bases  mismas  de  la
sociedad.


EL TRIBUNAL RUSSELL

Después  de  la  Segunda  Guerra  Mundial,  Rusell,  fervientemente
antinazi, publicó algunos títulos notables para la problemática filosófica,
entre ellos Significado y verdad y El conocimiento humano, su alcance
y sus límites, y otros de divulgación científica.
Bertrand  Russell  vivió  una  vida  muy  larga.  Murió  a  los  noventa  y
ocho  años  de  edad.  Era  adorado  por  algunos  y  detestado  a  muerte  por
otros.  Vivió  lo  suficiente  incluso  para  fundar  el  Tribunal  Russell,  un
lugar  donde  estuvieron  figuras  tan  prestigiosas  como  Jean-Paul  Sartre,
Simone    de    Beauvoir,    Ken    Coates,
10
    Ralph    Schoenman,
11
    James
Baldwin,
12
  entre  otros.  Allí  se  juzgó  nada  más  y  nada  menos  que  a
Estados  Unidos  por  los  crímenes  que  había  cometido  en  la  guerra
deVietnam,  se  cuestionó  la  carrera  armamentista  y  atómica  y  fue  una
fuente de escándalos y de discusiones acaloradas en todo el mundo.
Según  Russell:  «La  única  cura  definitiva  de  la  guerra  es  la  crea-
ción  de  un  Estado  mundial  o  Superestado,  lo  bastante  fuerte  para  de-
cidir, mediante la ley, en todas las disputas internacionales.Y un Es-

244

LA AVENTURA DE PENSAR
tado mundial es sólo concebible después de que las distintas partes del
mundo  se  hayan  relacionado  tan  íntimamente  que  ninguna  de  ellas
pueda ser indiferente a lo que ocurra en las otras».
Si bien recibió el premio  Nobel de  Literatura en  1952,  hasta ese
momento  no  había  escrito  ninguna  obra  literaria,  sólo  ensayos.  En
adelante, sí hizo un pequeño escarceo con la literatura y dio a conocer
algunos  relatos.  Los  ensayos  de  Russell,  extraordinariamente  sen-
cillos,  tienen  un  inglés  elegante  y  preciso.  En  ocasiones  es  muy  di-
vertido porque  siempre utiliza un  humor  y una ironía  que hizo  que
algunos  le  llamaran  elVoltaire  del  siglo  xx.Tiene  mucho  de  voltai-
riano en su falta de respeto y en su manejo del genio y la malicia.
Quien quiera comprobarlo no  tiene más que abordar su Historia de la
filosofía occidental, que se lee de una manera muy grata. No es un
dechado ni un prodigio de exactitud o de rigor, a pesar de que tiene
observaciones  muy  agudas  sobre  muchos  filósofos.  Pero  es  una  obra
extraordinariamente  entretenida  y  hace  que  uno,  leyendo  la  vida  de
grandes filósofos, pueda reírse a veces a carcajadas.
Su  visión  sobre  el  destino  del  hombre  queda  explícita  en  uno  de
sus textos, cuando dice:  «Unido con sus semejantes por el  más fuerte
de todos los vínculos, el de un destino común, el hombre libre
encuentra  que  siempre  lo  acompaña  una  nueva  visión  que  proyecta
sobre toda tarea cotidiana la luz del amor. La vida del hombre es una
larga marcha a través de la  noche,  rodeado  de enemigos invisibles,
torturado  por  el  cansancio  y  el  dolor,  hacia  una  meta  que  pocos
pueden  esperar  alcanzar,  y  donde  nadie  puede  detenerse  mucho
tiempo».
Después  añade:  «Uno  tras  otro,  a  medida  que  avanzan,  nuestros
cantaradas  se  alejan  de  nuestra  vista,  atrapados  por  las  órdenes
silenciosas  de  la  muerte  omnipotente.  Muy  breve  es  el  lapso  durante  el
cual  podemos  ayudarlos,  en  el  que  se  decide  su  felicidad  o  su
miseria.  ¡Ojalá  nos  corresponda  derramar  luz  solar  en  su  senda,
iluminar sus penas con el bálsamo de la simpatía, darles la pura alegría de
un  afecto  que  nunca  se  cansa,  fortalecer  sus  ánimos  desfallecientes  e
inspirarles fe en horas de desesperanza».  

245

BERTRAND RUSSELL

EL LEGADO DE UN PROVOCADOR

Russell  fue  una  figura  extraordinaria,  el
último  gran  intelectual
público.  Se  constituyó  sin  imposiciones  como  un
referente  moral  y  po-
lítico para varias generaciones de pensadores. En
realidad,  la  mayoría
de  los  puntos  de  vista  de  Russell  sobre  la
religión,  el  matrimonio,  el
poder,  la  organización  social,  incluso  respecto  a
la  propia  educación,
podemos  compartirlos  o  no,  pero  hoy  son
formas  de  ver  comunes,
formas de ver corrientes. Lo único que hizo él
fue  adelantarse  a  su
tiempo y sobre todo explicar de una manera muy
sencilla,  clara,  a  ve-
ces  simplificadora,  estos  puntos  de  vista  y
difundirlos  y  hacerlos  pú-
blicos ante la gente. Ése fue su encanto, ésa fue
su  fuerza  y  ésa  fue  en
su  momento  también  la  causa  de  que
pareciera  tan  terriblemente
provocador; incluso —aunque muchas veces pudo
equivocarse  o  pudo
exagerar algunas posiciones— todavía, de alguna
forma,  sigue  siendo
una figura tutelar a rescatar en el turbulento siglo xx.


15
Friedrich Nietzsche y la filosofía del martillo



En  nuestros  días,  la  mayoría  de  los  filósofos  se  dedican
profesionalmente a la docencia. Sin embargo, a lo largo de la historia
ha  habido  muchos  pensadores  que  no  fueron  profesores  de  filosofía.
Se  trata  en  algunos  casos  de  intelectuales  que  no  han  sido  académicos,
y  que carecen  de  una  obra  docente.  Uno  de  los  nombres  destacados
que  la  Academia  ha  tardado  en  reconocer  como  importante  es  el  de
Friedrich  Nietzsche,  quien  se  dedicó,  en  primer  lugar,  a  la  filología,
disciplina  en  la  que  destacó,  siendo  discípulo  y  amigo  de  algunos  de
los  filólogos  más  importantes  de  su  época,  tales  como  Friedrich  Wil-
helm Ritschl
1
 y Erwin Rohde.
2
 A lo  largo de su vida,  escribió una obra
extremadamente  personal,  que  comenzó  con  una  novedosa  y  polémica
interpretación del  mundo antiguo  y  de la cultura  griega clásica  y que
lo  condujo  a  la  crítica  radical  del  cristianismo  y  del  humanismo
positivista de su época.
3
Nietzsche  fue,  inicialmente,  seguidor  de  la  obra  de  Arthur  Scho-
penhauer,  de  quien  toma  la  imagen  del  cosmos  como  voluntad  que
lucha por desear, por extenderse, que arrolla todo a su paso y que no
surge  de  una  razón  organizadora,  sino  más  bien  del  impulso  ciego.
Pero, a diferencia de Schopenhauer, que ve esto como una especie de
dolor,  Nietzsche  considera  que  sí  hay  sufrimiento  pero  también  hay
alegría,  una  profunda  exaltación.  Schopenhauer  ve  el  juego  de  la  vo-
luntad desde el individuo y constata que la voluntad se vale de él para
sus propios fines y luego lo aplasta sin miramientos. El resultado es un
irrenunciable pesimismo: la vida es dolor porque es deseo; y el deseo
tiene como únicos destinos la insatisfacción o el hastío.  

186

LA AVENTURA DE PENSAR
Nietzsche,  en  cambio,  considera  que  el  yo  es  una  ilusión  y
entonces  adopta  un  punto  de  vista  descentrado  para  contemplar  el
juego que eternamente fluye de las fuerzas que componen la voluntad de
poder.    Este    juego    se    le    aparece,    pues,    como    gozoso.    Para
Schopenhauer la voluntad es una —es la cosa en sí que el universo es—
,  mientras  que  para  Nietzsche  no  hay  más  que  infinitas  y  fugaces
puntuaciones  de  voluntad,  cuyas  tensiones  y  choques  son  las  que
constituyen toda entidad perceptible o pensable.
Nietzsche  cumplió  y  superó  la  profecía  de  Schopenhauer.  Vio  ese
mundo  que  regresa,  ese  girar  de  los  eones,
4
  de  los  deseos,  de  los
impulsos humanos. Pensaba que de todo eso podemos ir obteniendo una
superación  y  una  exaltación.  Para  él,  la  visión  cósmica  de  la  danza  del
devenir es motivo de celebración.


CRIADO ENTRE MUJERES Y SIN SALUD
Nietzsche  nació  en  Rócken,  Sajonia,  en  1844.  Huérfano  de  padre
desde  los  cinco  años,  se  crió  con  su  abuela,  su  madre,  su  hermana  y
dos  tías.  Estudió  en  el  Gymnasium  de  Naumberg  y,  luego,  en  el  fa-
moso  internado  de  Pforta.
5
  De  aquellos  años  juveniles  datan  las  pri-
meras  evidencias  de  su  precaria  salud.  Según  los  registros  del  inter-
nado,  Friedrich  iba  frecuentemente  a  la  enfermería  por  diversas
causas:  dolores  de  cabeza,  malestares  estomacales,  vómitos  y  diarreas,
mostrando  una  fragilidad  que  sería  una  característica  de  toda  su  vida.
Más  tarde  profundizó  sus  estudios  de  filología  en  la  Universidad  de
Berlín  y  en  la  de  Leipzig.  En  1869  fue  nombrado  profesor  de  filología
clásica  en  la  Universidad  de  Basilea.  Al  estallar  la  guerra  franco-
prusiana
6
  se  incorporó  como  enfermero  al  ejército  alemán,  aunque  sus
habituales  problemas  físicos  le  impusieron  el  regreso  a  tareas  aca-
démicas.  En  Basilea,  conoció  al  compositor  Richard  Wagner,
7
  quien
ejerció  una  enorme  influencia  sobre  él.  Nietzsche  entendía  que
Wagner  representaba  la  renovación  de  la  cultura  alemana.  No  es  ex-
traño,  pues,  que  la  primera  obra  del  filósofo,  El  origen  de  la  tragedia
en  el  espíritu  de  la  música,  tuviera  la  intención  de  justificar  las
concepcio-

187

FRIEDRICH NIETZSCHE
nes  dramáticas  wagnerianas.  Sin  embargo,  la  posición  de  Nietzsche
respecto  de  Wagner  fue  cambiando.  A  medida  que  su  pensamiento  y
su  vida  fueron  desplegándose,  Nietzsche  adoptó  claras  tomas  de  po-
sición  frente  a  su  cuñado  Bernhardt  Fórster,  antisemita  y  negrero,
8
contra  Wagner,  y  ante  el  nacionalismo  y  militarismo  prusiano.  En  ese
sentido,  fue  un  decidido  europeísta  y  cosmopolita.  Tuvo  una  actitud
agresiva  y  definida,  además,  contra  la  burocracia  universitaria.  Incluso
cuando  debemos  calibrar  el  alcance  de  sus  afirmaciones  teóricas
principales,  son  bastante  clarificadoras,  cuando  analizamos  su  oposi-
ción  respecto  de  la  pena  de  muerte,  los  procedimientos  carcelarios
demasiado  rigurosos  de  su  época  y  su  permanente  desdén  por  la  falta
de veracidad e hipocresía. El origen de la tragedia en el espíritu de la
música es el libro con el que finaliza su carrera como filólogo clásico
y con él se verifica la primera etapa del desarrollo de la filosofía
nietzscheana.


UN INCOMPRENDIDO

Los  colegas  de  Nietzsche  no  supieron  comprender  que  el  análisis
que  presentaba  no  era  en  modo  alguno  filológico,  sino  puramente
filosófico. En El origen de la tragedia en el espíritu de la música,
Nietzsche presenta la tensión entre un principio apolíneo, que rige las
formas, las apariencias, la claridad,  y un principio dionisíaco, que ex-
presa el verdadero fondo de la realidad, la exaltación de las pasiones,
la embriaguez, la vida misma. Así, en la tragedia, el artista proporcio-
na  un  consuelo,  mediante  bellas  formas,  frente  a  lo  puramente  dio-
nisíaco, amenazante y disolvente. Pero la tragedia entra en crisis en el
siglo  v  a.C.  según  Nietzsche,  en  virtud  del  optimismo  racionalista,
representado  por  Sócrates  y  Eurípides.
9
  Entre  1873  y  1876,  Nietzsche
publicó  cuatro  artículos  reunidos  bajo  el  título  de  Consideraciones
intempestivas,  donde  hace  una  crítica  radical  de  la  cultura,  calificando
a ésta de estéril y contraria a la vida.
En  1878  apareció  Humano,  demasiado  humano,  que  abre  la
segunda  etapa  del  pensamiento  nietzscheano,  en  la  que  él  se  aparta  de
sus  

188

LA AVENTURA DE PENSAR
influencias  iniciales  y  adopta  una  postura  de  rechazo  de  muchas  de  sus
anteriores  opiniones,  como,  por  ejemplo,  las  que  había  expresado
sobre  Schopenhauer  —reflejadas  en  la  separación  de  lo  dionisíaco  y  lo
apolíneo—  y  Wagner.  En  esa  época  abandonó  la  docencia  univer-
sitaria  y  conoció  a  Lou  Andreas  von  Salomé,
10
  que  fue  el  gran  amor
de  su  vida.  Junto  con  un  amigo  común,  el  poeta  Paul  Rée,
11
  decidieron
vivir  juntos  en  una  especie  de  comunidad  que  resultó  bastante
escandalosa  para  la  época.  La  convivencia  duró  pocos  meses  y  la
experiencia fracasó.
En  1881,  Nietzsche  publicó  Aurora  y  un  año  más  tarde  La  gaya
ciencia,  obra  que  anunció  la  que  sería  la  tercera  etapa  de  la  filosofía
nietzscheana,  ya  no  simplemente  crítica  sino  fuertemente  afirmativa.
De  esta  manera  no  sólo  puso  el  acento  en  destruir  errores  —Nietzsche
llama  a  ese  momento  «filosofía  del  martillo»—,  sino  en  señalar  una
filosofía  que  tenía  como   objetivo,  en  cambio,  proponer  nuevas
verdades.  Nietzsche  parece  haber  comprendido  que  la  mera  crítica  no
afirma  nada  y  que  para  afirmar  es  necesario  asumir  un  momento
constructivo.


LA TRAMPA DE LOS DÉBILES
Uno de los aspectos más polémicos y por supuesto más sugestivos  de
la obra de Nietzsche es el referido al tema de la moral, o, para utilizar
sus  propias  palabras:  «una  especie  de  psicología  y  genealogía  de  la
moral».  En  contra  de  las  ideas cristianas que indican  que  los  débiles
llegarán al cielo, y que la fuerza o la arrogancia son elementos negativos,
Nietzsche no acepta como virtudes positivas que debamos ser humildes o
que tengamos que apoyar a los más pequeños. Su pensamiento intenta
desenmascarar  una  trama  que  han  ido  inventando  los  débiles  como
legitimación  de  su  resentimiento  contra  los  fuertes.  Los    enfermos    y
los  incapaces  han  generado  un  pensamiento  segregador diciendo
que los que triunfan, los más fuertes, arrogantes y brillantes, son malos:
una especie de satanes.  

189

FRIEDRICH NIETZSCHE
En  palabras  de  Nietzsche:  «El  prójimo  alaba  el  desinterés  porque
recoge  sus  efectos.  Si  el  prójimo  razonase  de  un  modo  desinteresado,
rehusaría  esa  ruptura  de  fuerzas,  se  opondría  al  nacimiento  de
semejantes  inclinaciones  y  afirmaría  ante  todo  su  desinterés,
designándolas  precisamente  como  malas.  He  aquí  indicada  la
contradicción  fundamental  de  esta  moral,  hoy  tan  en  boga:  ¡los
motivos de esta moral están en contradicción con su principio!».
El  pensador  asegura  que  lo  que  le  sirve  a  esta  moral  para  su
demostración es refutado por su propio criterio de moralidad. Dice: «El
principio: "Debes renunciar a ti mismo y ofrecerte en sacrificio", para
no refutar  su  propia  moral, no  debería  ser  decretado  sino  por  un  ser
que renunciase  por  sí  mismo  a sus  beneficios  y  que acarrease quizá,
por  este  sacrificio  exigido  a  los  individuos,  su  propia  caída.  Pero
desde  el momento  en que el prójimo (o bien  la sociedad) recomienza  a
causa  de  su  utilidad,  el  principio  contrario:  "Debes  buscar  el  provecho,
aun a expensas de todos los demás", es puesto en práctica y se predica a la
vez un debes y un no debes».
Por otra parte,  asegura: «En  el fondo de toda recomendación  moral
altruista  late  el  rebosantemente  utilitario  —y  egoísta,  por  tanto—  ¿qué
pasaría  si  todos  hicieran  lo  mismo?  De  tal  modo  que  quien  se  ha  dado
cuenta  de  esto,  es  decir,  de  la  intrínseca  falsedad  —o  aún  mejor
imposibilidad— del altruismo, pero por otra parte ha sido educado en  la
ecuación altruismo-moralidad, egoísmo-inmoralidad, pierde toda razón y
aun toda sensibilidad para la exigencia moral».
Nietzsche apunta a que las razones del altruismo no son altruistas:  el
altruismo es posible, pero siempre desde un egoísmo u otro. O sea, que el
razonamiento  moral  no  puede  ser  intrínsecamente  distinto  del
razonamiento estratégico.


EL ANTICRISTIANISMO
Nietzsche  corrige  la  exhortación  cristiana  en  su  anticristiano  Así
habló  Zaratustra,  diciendo:  «¡Amad  siempre  a  vuestros  prójimos  igual
que a vosotros, pero sed primero de aquellos que asimismo se aman,  

190

LA AVENTURA DE PENSAR
que  aman  con  el gran  amor, que  aman  con  el  gran desprecio!».  Nunca
fue  menos  anticristiano  que  en  esta  frase,  o  quizá  nunca  más
inteligente e irrefutablemente anticristiano...
Este  pensamiento  anticristiano  que  recupera,  además,  una  visión
pagana de que lo importante es no sólo que la masa viva bien, sino
que  haya  individuos  superiores,  que  vayan  alcanzando  lo  mejor,  la
experiencia,  la  dureza  espiritual,  el  arrojo,  y  que  vayan  mirando  las
cosas  tal  como  son  sin  complacencias  ni  compasiones,  este  plantea-
miento es  situado  por Nietzsche  en  un  terreno  más espiritual que  el de
la lucha por el poder fáctico. Esta posición, por supuesto, da origen a
algunas  repercusiones  que  a  nosotros  nos  recuerdan  otras  cosas.  La
idea de arrogancia, de la fuerza, de la imposición, nos suena a lo que
fueron  luego  los  nazismos  y  los  fascismos  europeos,  sobre  todo
cuando la obra de Nietzsche cayó en manos de su hermana, quien, de
algún modo, le dio un sesgo pronazi hasta tal punto que Adolf Hitler
visitó la casa museo del filósofo y usó su figura para sus propios fines.
Por  supuesto,  sería  injusto  decir  que  Nietzsche era algo así como  un
protonazi.  Por  ejemplo,  era  profundamente  contrario  al  antisemitismo.
Discrepaba  en  muchos  puntos  fundamentales  de  lo  que  luego  fue  el
nazismo.  El  nazismo  es  una  teoría  política  basada  en  una  doctrina
racial   que   propugnaba   la   superioridad   incuestionable   de   un
determinado  grupo  étnico,  al  que  llamaba  «ario».  Nada  de  esto  tiene
lugar  en  la  filosofía  de  Nietzsche.  Tampoco  hay  en  ella  ningún
principio  de  «pureza  de  la  sangre»  ni,  en  general,  nada  que justifique
la  aniquilación  de  otros  grupos  étnicos  o  sociales  considerados
inferiores. El superhombre de Nietzsche no es el matón del barrio, y el
hombre superior del nazismo sí lo es. Pero es verdad que hay algo
peligroso   en   esa   ruptura   excesivamente   arriesgada,   en   esa
transvaloración  de  la  moral,  de  aquello  que  se  pretende  poner  por
encima  y  que  estuvo  por  debajo  durante  tantos  siglos.  También  es  un
riesgo  querer  recuperar  la  fuerza  y  la  insolidaridad  individual  frente  al
mundo de armonías, de consuelos y apoyos a los débiles, que ha sido
siempre  el  planteamiento  moral  habitual.  Es  una  apuesta  arriesgada  y
por eso tiene efectos a lo largo del tiempo también discutibles.  

191

FRIEDRICH NIETZSCHE
ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA
Entre  1883  y  1885,  Nietzsche  publicó  por  entregas  Así  habló
Zaratustra.  Sus  trabajos  previos  lo  habían  llevado  a  la  denuncia  del
agotamiento  de  la  civilización  europea,  judeocristiana,  agotamiento
que  se  resumía  en  la  expresión  «Dios  ha  muerto»,  planteada  en  el  libro
tercero  de  La  gaya  ciencia.  El  descubrimiento  de  la  muerte  de  Dios,
según  Nietzsche,  nos  pone  frente  al  fenómeno  del  nihilismo.
12
  Pero
ahora se  plantea que  esa  muerte  de  Dios  es  también  la  más  asombrosa
posibilidad de crear, más allá de  todo límite, en la apertura de un
horizonte  infinito.  En  Así  habló  Zaratustra  aparecen,  por  eso,  los
temas  característicos  de  la  tercera  etapa  del  pensamiento  de  Nietzsche.
Esto es: la voluntad de poder, el superhombre y el eterno retorno de lo
mismo.  Al  hablar  de  «voluntad  de  poder»,  Nietzsche  señala  que  no
debe  concebirse  como  un  trasmundo,  al  estilo  de  la  «Voluntad»  de
Schopenhauer,  con  un  cierto  estilo  metafísico.  Para  Schopenhauer,  la
Voluntad  es  el  Uno-Todo  que  subyace  debajo  de  los  fenómenos,  de  las
representaciones.  Es  la  sustancia  irracional  de  todo  cosmos  pensable.
Es, en fin, la cosa-en-sí que se realiza en nosotros y de la que somos
parte, al igual que todo ente particular. En cambio, según Nietzsche, la
voluntad  del  poder  debe  ser  pensada,  como  ya  he  indicado,  como  una
multiplicidad    de    puntuaciones    dinámicas    que    constituyen    todo.
Representa  el  enigma  de  las  pulsiones  y  expresa  una  afirmación
radical de la vida, la misma que, pese a todo, aparece en la figura del
superhombre y en la doctrina del eterno retorno.
Nietzsche  piensa  hasta  sus  últimas  conclusiones  el
descoyuntamiento sufrido por el hombre entre el Renacimiento y el siglo
xix,  y  su  pérdida  irreversible  de  sustancia  mítica.  Ante  los  hombres
marchitos  que  padecen  el  crepúsculo  de  los  grandes  principios
tradicionales del conocimiento, la política, la psicología y la ontología —
la cuádruple muerte de Dios— como la más cómoda y amodorrante de las
anemias, Nietzsche abre paso a un sujeto que obtendrá su nuevo sentido
de  lo  humano  de esas  mismas carencias, pero  vividas con  inventivas,
sin nostalgias ni remordimientos. Ese sujeto es algo más  

192

LA AVENTURA DE PENSAR
hombre  y  no  simplemente  algo  más  que  hombre;  ha  ido  más  allá  de  la
humanidad  clásica,  pero  en  el  camino  de  adentramiento  en  la  in-
manencia  humana  no  hace  al  vértigo  de  nuevo  trascendente  de  otra
impersonalidad  nihilista.  Es  esta  propuesta  nietzscheana  de  autoin-
vención  valorativa  y  de  autocreación  humana  de  todos  los  órdenes  lo
que  Heidegger  no  podrá  (o  no  querrá)  ver;  la  regeneración  transfi-
gurada  del  sujeto  y  del  individuo  que  son  el  corazón  positivo  de  la
obra  de  Nietzsche  permanecerán  ocultos  para  él  o,  más  probable-
mente,  no  encajarán  en  el  esquema  de  su  propio  pensamiento,  al  cual
someterá  su  lectura  nietzscheana.  Hay  en  Nietzsche  unVoltaire  curtido
en  la  escuela  de  Schopenhauer;  una  doctrina  de  la  creación  como
destino  al  que  debe  despertar  el  hombre,  y  sobre  todo  un  esfuerzo  de
gran finura y coraje por pensar la libertad, entendida —al modo
espinosista— no como opuesta a la fatalidad orgánica e histórica de la que
brotamos, sino como su conciencia activa.
Su propia doctrina de la verdad, que de alguna manera acaba con  la
verdad con mayúscula y dice que en el mundo no hay hechos en el sentido
veritativo del término, sino interpretaciones, porque la verdad es algo que
viene desde la perspectiva que cada cual utiliza y que nuestro ángulo
de perspectiva y nuestra capacidad de sostenerlo es lo que va a convertir
en  verdad  una  capacidad  u  otra.  O  sea,  que  para  Nietzsche  no  hay
verdades absolutas, intemporales, ni hechos en sí, sino interpretaciones, o
mejor, perspectivas. Toda verdad acontece en una perspectiva determinada,
todo  hecho  es interpretado  de  un  modo  u  otro. No es posible pensar una
verdad sin asociarle una perspectiva, ni  un  hecho sin encuadrarlo  en  una
interpretación


LOS AFORISMOS
Prácticamente  toda  la  obra  de  Nietzsche  está  formada  por
pequeños  fragmentos.  Son  textos  breves,  podríamos  denominarlos
«aforismos»,  que  van  desde  una  línea  a  una  página  en  la  cual  toma  un
aspecto,  y  la  perspectiva  de  un  suceso,  de  un  momento  histórico  y  de
un  personaje.  Están  escritos  con  mucha  fuerza,  a  veces  con  una  ironía
feroz.  

193

FRIEDRICH NIETZSCHE
El texto, breve, da cuatro o cinco vueltas sobre un tema, lo deja
ahí  y el  lector  se  queda  impactado  por  ese  meteorito  intelectual  que
cae sobre él.
13
Probablemente  esta  forma  intelectual  tiene  también  algo  que  ver
con  las  propias  condiciones  físicas  de  Nietzsche,  quien,  como  ya  he
dicho  antes,  desde  su  juventud  pasó  gran  parte  de  su  vida  enfermo,
vagando  por  Europa  en  busca  de  un  clima  adecuado,  en  Lucerna  y
Sils-Maria,  tratando  de  encontrar  también  aire  puro  en  las  suaves
temperaturas  de  Genova  en  Italia.  Como,  además,  tenía  muy  mala  vis-
ta  y  escribir  durante  mucho  tiempo  le  causaba  dolores  de  cabeza,  los
aforismos  eran  la  medida  de  lo  que  él  podía  realizar  de  un  solo  golpe.
Uno  de  sus  textos  más  conocidos  se  titula  Dios  ha  muerto.  Allí  cuenta
que  hay  una  especie  de  ermitaño  que  va  con  un  candil  pasando  entre
los  hombres  diciendo:  «Dios  ha  muerto».  Nadie  se  da  cuenta  de  que
Dios  se  ha  muerto,  ni  le  da  importancia.  Todo  el  mundo  ríe  y  pre-
gunta:  «Ah,  pero  ¿estaba  enfermo?».  El  hombre  del  candil  anuncia
que  Dios  ha  muerto  y  tras  recibir  por  respuesta  la  indiferencia  y  las
bromas  de  aquellos  a  quien  anuncia  esa  muerte,  reflexiona  que  los
hombres  —que  son  los  que  han  matado  a  Dios—  no  se  han  dado
cuenta  y  que,  en  el  fondo,  no  quieren  darse  cuenta,  porque  esa  muerte
de Dios ha quitado todo sentido a lo que hasta ahora era importante.
¿Qué  divinidad  es  la  que  ha  muerto?  Ha  muerto  el  Dios  del
sentido  del  universo,  el  Dios  de  una  verdad  única,  el  Dios  que  sostenía
y  justificaba  la  tranquilidad  intelectual  de  los  seres  humanos,  la
ciencia,  el  conocimiento.  Aunque  el  individuo  no  fuera  religioso,  toda
su  existencia  se  basaba  en  una  especie  de  gran  idea  del  sentido  de
verdad,  de  coherencia,  que  era  lo  que  llamaba  divinidad.  Nietzsche
dice  que  eso  ha  acabado,  que  ha  muerto.  La  sociedad  estaba  a  las
puertas  del  siglo  xx  —que  él  de  alguna  manera  previo—  y  lo  que  la
sostenía  se  ha  hundido  y  ahora  cada  ser  humano  va  a  tener  que  sos-
tener  por  sí  mismo  el  sentido  del  mundo,  del  discurso.Ya  no  vamos  a
poder  aferramos  a  un  gran  sentido  cósmico,  sino  que  vamos  a  tener
que  sostenernos  por  nosotros  mismos.  De  ahí  la  importancia  de
alcanzar  esa  madurez  superior  intelectual  que  él  llamó  equívocamente
«superhombre».  

194

LA AVENTURA DE PENSAR
Si  la  primera  etapa  del  pensamiento  de  Nietzsche  es  la  repre-
sentada por El origen de la tragedia en el espíritu de la música, la
segunda,  la  iniciada  con  Humano,  demasiado  humano,  y  la  tercera  la
que  se  abre  con  La  gaya ciencia,  la  cuarta etapa del  pensamiento  de
Nietzsche  vuelve  al  planteamiento  crítico.  Comprende  los  libros  Más
allá del bien  y del  mal, La genealogía de la  moral, El Anticristo, El
crepúsculo  de  los  ídolos,  El  caso  Wagner  y  su  autobiografía  Ecce
homo,  escritos  todos  entre  1886  y  1888.  En  1889,  Nietzsche  sufrió  un
colapso,  aparentemente  debido  a  una  sífilis,  y  debió  ser  internado  con
daño  cerebral  irreversible  y  parálisis  general  progresiva.  Su  madre  y
su hermana Elizabeth lo cuidaron hasta su muerte en 1900.


LA INFLUENCIA DE UNA OBRA Y UN HOMBRE

Nietzsche  fue  prácticamente  un  desconocido  en  su  época,  muchas
de  sus  obras  fueron  editadas  por  su  cuenta  y  él  mismo  tuvo  que  cos-
teárselas.  Se  suele  comentar  que  de  Así  habló  Zaratustra  hizo  unas  po-
cas  decenas  de  ejemplares.  Intentó  regalarlo  a  los  amigos  y  encontró
que  no  conocía  gente  suficiente  para  hacerlo.  Hasta  ese  punto  sus
ediciones  y  sus  ventas  eran  mínimas,  era  un  filósofo  clandestino.  Sin
embargo,  en  los  últimos  años  de  su  vida,  cuando  estaba  sumido  en  la
locura  y  retirado  del  mundo,  empezó  a  crecer  su  prestigio,  no  en  la
Academia  —que  lo  rechazó—  sino  entre  poetas,  novelistas  y  artistas.
A  comienzos  del  siglo  xx  ya  había  una  verdadera  pléyade  en  aumento
de  autores  que  se  reconocían  en  Nietzsche.  Ningún  autor  ha  sido
recuperado  con  tanta  fuerza  y  celebrado  tanto  y,  lamentablemente,  con
tan poco acierto como Nietzsche.
El  pensador  mantenía  una  posición  ante  su  propia  obra.  Decía:
«Recientemente,  cuando  intenté  reconocer  escritos  míos  antiguos  que
había   olvidado,   me  espantó  una  característica  común   a  todos:
hablaban  el  lenguaje  del  fanatismo.  Casi  en  todas  partes  donde  se  ha-
bla  de  quienes  piensan  de  otro  modo,  qué  manera  más  sanguinaria  de
injuriar  y  qué  entusiasmo  por  la  malignidad,  signos  característicos  del
fanatismo; signos odiosos, a causa de los cuales no hubiera sopor-

195

FRIEDRICH NIETZSCHE
tado  leer  estos  escritos  si  su  autor  me  hubiera  sido  menos  familiar.  El
fanatismo  corrompe  el  carácter,  el  gusto,  y  no  en  último  lugar  la  salud;
quien  quiera  restablecer  las  tres  cosas  debe  resignarse  a  un  largo
período  de  curación...».  Es  evidente  que  aún  hay  muchos
convalecientes  de  la  obra  de  Nietzsche  —en  cierto  modo  todos  los
que lo hemos leído con pasión lo estamos un poco—, por razones que
él mismo nos adelantó como si quisiera prevenirnos.


«NO QUIERO CREYENTES»

Esa  teoría  perspectivista  de  la  verdad  según  la  cual  no  hay
verdades,  sino  interpretaciones  —exagerada,  creo  yo—  y  llevada  a
consecuencias  me  parece  que  inadmisibles,  es  el  legado  de  Nietzsche  a
la  posmodernidad  que  surge  de  ese  planteamiento.  En  sus  libros  se
encuentran    afirmaciones    y    sus    contrarias    en    páginas    sucesivas.
Nietzsche   decía: «No   quiero   creyentes».   Lo   dejó   claramente
establecido  en  su  Ecce  homo,  donde  expone  con  exaltación  pero
también  con  nitidez  las  pautas  según  las  cuales  sus  libros  deben  ser
leídos  y  entendidos:  «Pienso  que  soy  demasiado  maligno  para  creer  en
mí  mismo,  no  hablo  a  las  masas...».  Un  poco  antes  esboza  el  perfil  de
su  lector  ideal,  es  decir,  del  interlocutor  que  requiere  su  pensamiento:
«Cuando  me  represento  la  imagen  de  un  lector  perfecto,  siempre
resulta  un  monstruo  de  coraje  y  curiosidad  y,  además,  una  cosa  dúctil,
astuta,  cauta,  un  aventurero  y  un  descubridor  nato».  Un  lector  que
busca  la  intensidad  pero  desconfía  del  arrebato,  alguien  que  no  vacila
en  adentrarse  intelectualmente  en  terreno  vedado  pero  que  no  olvida
tampoco  tantear  la  solidez  del  camino  que  pisa,  un  explorador  de
experiencias  espirituales  alejado  del  voceador  de  consignas  o  del
menesteroso de dogmas. Ése es el lector que Nietzsche quiere.
¿Cuál  es  su  gran  aportación  al  pensamiento  ilustrado  de  la  mo-
dernidad,  tan  válido  y  esencial  hoy  como  el  mismo  día  que  fueron
escritos  sus  libros?  Sin  duda  la  afirmación  incondicional  de  la  vida,  de
la  radical  inocencia  de  la  vida,  el  rechazo  de  cuanto  desvaloriza  la
existencia en nombre de ciertos requisitos —teológicos, morales o  

196

LA AVENTURA DE PENSAR
sociales— que ésta debería reunir para contar con el visto bueno de
los dubitativos y los remisos, a los que Nietzsche llama «nihilistas».
El paradigma de esta actitud es el cristianismo. Por un lado, sostiene
que si Dios no existe la vida carece de sentido, es algo vacío, una
broma de  mal gusto. Por  otro, censura las  manifestaciones  más
intensas de la vitalidad —placer físico, alegría, salud, fuerza— y
ensalza lo mortecino y exangüe  —sacrificio, sufrimientos, lágrimas,
renuncia, enfermedad, invalidez, toda mortificación de lo corporal—.
Desde  la  perspectiva  moral,  lo  característico  del  cristianismo  es
descubrir  en  quien  no  se  reconoce  como  víctima  su  condición
inexorable de verdugo. De nada podemos enorgullecemos salvo de las
humillaciones sufridas. «La ceguera respecto al cristianismo —señala
Nietzsche al final de su Ecce homo— es el crimen par excellence, el
crimen contra la vida... lo que me separa, lo que me pone aparte del
resto de la humanidad es el haber descubierto la moral cristiana.»
Todo hace de él un pensador sumamente estimulante y también,
por qué no decirlo, peligroso. Su forma tumultuosa de pensar, la
relación polémica con el nazismo, las interpretaciones múltiples de su
obra, los esfuerzos que se han hecho por convertirlo en un pensador
conveniente, políticamente correcto, y el desbordamiento que suponen
sus textos respecto a cualquier forma de sentido común filosófico nos
ponen sobre un abismo que no podemos ignorar.